hammer

Hammer abrió la biointerfaz y se conectó inmediatamente con un cliente que ya lo esperaba. -Señor Hammer, necesitamos el rediseño de la marca, su ausencia en la red nos causa muchas perdidas.

-Seguro, lo entiendo, ¿ya tiene la resolución del Tribunal Gráfico? Usted sabe Señor Robinson, que sin esa clave no puedo trabajar. Me metería en muchos problemas. -Hammer, necesito ese rediseño cueste lo que cueste, tú sabes que mi marca es la más cara del mundo.

-Entiendo, pero no puedo acceder al neuroimplante de PhotoShop NeuroCS89, lo tengo bloqueado por usarlo sin permiso, ¡por su terquedad de trabajar fuera de la Ley NeuroGráfica!

Hammer da la espalda al monitor, y saca unas pinzas de un cajón. Se da la vuelta y muestra las pinzas a Robinson, quien lo ve desde el otro lado del planeta a través de la red.

-Hammer, ¿qué es eso?

-Estoy harto de que todos me quieran por el neuroimplante de PhotoShop que tengo en la cabeza. ¡No volveré a diseñar nada!

Hammer acerca las pinzas a un costado de su cabeza, a la altura de la sien. Con la punta sujeta el cable del neuroimplante y mira retador a Robinson.

-Robinson, ¿crees que puedes impedirlo?

-Tranquilo chico, vamos a hablar de esto.

-¿Tranquilo? ¡CHÍNGATE ROBINSON!

Hammer tira de las pinzas, y un hilo de sangre sale disparado, seguido del neuroimplante. Cae al piso retorciéndose de dolor. La biointerfaz se desconecta y Hammer queda tendido mientras todos los archivos gráficos que guardaba en su cerebro, se alejan para siempre de la infinita red global.

Texto por: Jorge Arriola

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