Vestir es el acto cotidiano al que nos obligó la vergüenza de mostrar nuestros cuerpos desnudos, también está la necesidad lógica y física e cubrirnos del frío (sobre todo en invierno), la tradición judeocristiana lo acuña también al pecado original: Adán y Eva en el edén.

Vestir nos confiere a todos, a occidentales y a orientales, nos confiere por tradición y necesidad. Llena la segunda categoría de la pirámide de Maslow: la seguridad. Hasta aquí las necesidades son obvias y necesarias, no obstante, hoy vestir refiere a un asunto mucho más complejo. Pensemos, por ejemplo, en la dignidad. La dignidad es una cualidad meramente humana, si bien es cierto que existen distintas perspectivas y definiciones en torno a la misma palabra, la esencia es un asunto que compete sólo a los seres humanos.

¿Será que hoy el vestir cubre también el ego del humano en relación al resto de los seres vivos? ¿Se relaciona con nuestra capacidad única de “autogobernarnos? Vestir es un espejo, el primero, después están los espejos que son personas, nuestros círculos sociales.

¿Qué espejo es el que nos viste? ¿Quién somos y qué vestimos?

Fotografía de la gente y de cómo viste y qué quiere decir cuando viste o deja de vestir:

Marruecos

Marruecos

 MéxicoMéxico

PortugalPortugal

Francia

Francia

Texto por María González

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