Con imágenes tomadas a la belleza humana y  de la naturaleza, la artista colombiana logra combinarlas con su imaginación para crear un mundo utópico de representaciones sombrías y románticas.

La naturaleza y el ser humano trascienden en la realidad para establecerse en un lugar utópico, donde se entremezclan los sueños y las fantasías de un personaje que quiere plasmar en una fotografía lo bello que puede llegar a ser la visión de la realidad con unos toques mágicos.

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Por esta razón, la fotógrafa caleña Marcela Bolívar, recrea en sus imágenes un mundo romántico, sombrío y onírico como ella define su trabajo. Su gusto por la fotografía y la ilustración nace diez años atrás, después de que la artista hubiera pasado su adolescencia pintando hasta llegar a fusionarlo con las herramientas de la fotografía.

Esta combinación entonces recrea la imaginación de Marcela Bolívar mostrando fusiones fantásticas entre naturaleza y cuerpo humano. “A veces la naturaleza doblega salvaje y triunfante, otras es aplastada por la razón, pero siempre es la protagonista” dice la artista.

Inspirada en artistas como el pintor francés Gustave Moreau, el pintor irlandés conocido como El Bosco y el pintor italiano Piero di Cosimo, la artista crea fotografías de su perspectiva onírica obteniendo gran aceptación por los amantes de la fotografía y  la ilustración.

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Esta artista de la fotografía habló con Inkult Magazine para contarnos sobre su increíble trabajo que parece ser sacado de una utopía mágica:

 ¿Por qué esa fascinación por realizar este tipo de trabajo visual?

Hacer imágenes y recrear lo que imagino ha sido un impulso que me ha acompañado desde pequeña y que no se ha desvanecido con el tiempo. La fascinación no está exactamente en realizar este tipo de trabajo, sino en por fin dejar descansar escenas que tal vez llevan años en mi cabeza, o que tal vez soñé o imaginé ayer.

El fotomontaje es un proceso que disfruto cantidades y en el cual me esmero de forma febril. Sus posibilidades y flexibilidad es lo que más me atrae y la capacidad casi ilimitada de detalle es algo que exploto cada vez que la imagen lo requiere. Pero también debo recordar que es sólo una vía como muchas más por la que puedo contar las historias cortas que son mis imágenes. La fascinación está en realidad en lo que me inspira.

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De tantas grandiosas imágenes que ha realizado ¿cuál ha sido la que más le ha gustado?

Hay unas cuantas, pero creo que “Hydroponic” una de mis más recientes puede ocupar ese lugar ahora. Tanto la idea como la ejecución fue muy espontánea, además de haber sido una bonita tarde entre plantas, me ayudó a salir de un bloqueo mental que se estaba extendiendo más de lo que debía.

Su trabajo visual mezcla lo onírico con lo fantástico ¿alguna razón porque prefiera estas temáticas?

Es mi forma natural de desenmascarar lo oculto y al mismo tiempo de mitificarlo, manteniéndolo lejano y tocándolo enseguida con metáforas.

Lo onírico y fantástico son la tensión entre las ansias de querer ver más clara la realidad y fascinarse igualmente por el misterio que la cubre.

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Sus imágenes  han estado en varias publicaciones, además de aportar a la imagen de los discos de varios artistas. Cuéntenos sobre  el trabajo que más le gustó hacer.

Recuerdo que me divertí mucho haciendo la última portada de Amethystium.  Oystein (autor del proyecto) dejó claros conceptos muy libres y me dio cientos de imágenes de sus viajes a Portugal y a Islandia. Le propuse varias ideas en torno al cielo nocturno y la imagen final es un lugar imaginado con estructuras de Sintra (Portugal), cielos de Islandia y montañas y árboles de Colombia.

Otros elementos importantes que utiliza son la naturaleza y el movimiento, además de caracterizarse por un ambiente poco cálido, ¿cuéntenos cómo es el proceso de realización de alguna imagen particular?

En “Savage Temple” tenía muy claro lo que quería lograr; un cuerpo femenino en trance, no sólo rendido ante fuerzas salvajes sino tomando ímpetu en ellas.

Uno de los elementos principales de la imagen es el tirso que moldeé a partir de una rama y en el que me tomé la licencia de esculpir de una forma distinta a la tradicional.

Lo más difícil de esta imagen fue ajustar la iluminación de las fotografías. Quería que los elementos fueran salvajes y naturales pero que la atmósfera tuviera algo de artificial y alienígena. Era importante para mí que la piel no tuviese un color natural pues ella ya no es un ser humano.

Después de ajustar la iluminación tomo las fotos de la tela hacia el lado que quiero que se mueva y después le tomo fotos al pelo colgado sobre dos hilos de nylon invisible para que se vea ondeando y sin gravedad, todo bajo la misma luz.

El ensamble consistió en aplicación de muchas texturas de pintura tradicional, pintura digital en el rostro y la piel para modificar sus facciones, y colorización de la imagen, que siempre imaginé fría, un suceso nocturno.

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El trabajo de Marcela Bolívar ha sido reconocido en Argentina con el Primer Premio de Arte Digital en el evento Diseño en Palermo y sus  exposiciones han exaltado el arte digital en lugares como en estados unidos, Australia, México y Colombia.

Texto por Sandra Fernández

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