Los parlantes vibran “Death in Vegas”. Una voz intensa y de repente, la entropía. El hermoso y perfecto caos natural universal que inunda el aire. Cada parte desordenada danza sigilosamente en búsqueda de un todo, para formarlo, constituírlo, amarlo. Y en ese todo están todas las demás partes danzantes, que se unen en un gran punto amarillo infinito.

“FA” es ese artista que puede encontrar ese cierto estado de orden dentro del caos, y -no obstante- puede también esconderse allí y mirar, a través de un par de gafas de inspiración, eso que lo rodea. La precisión de sus fotografías invita a estudiar cada recoveco, y, en su afán de querer que sus fotos sean interpretadas lo más limpiamente posible, explica su condimento principal: aquel que mira no debe saber nada sobre su ser, entonces así podrá alejarse del condicionamiento y logrará percibir de otra manera. “Se trata de dejarle espacio al observador para que imagine lo que quiera y arme su propia historia sin otro elemento que la imagen en sí”. De ésta manera, logra crear toda una atmósfera a la vuelta de sus fotografías, disparadas desde el anonimato hacia el infinito.

Fue enalteciendo su ojo mágico junto con los aires de nuevos lugares que visitaba durante vacaciones o viajes relámpagos. Allí comenzó a percibir que era algo que disfrutaba, por lo que apuntó a perfeccionarse. “La fotografía me permitió desarrollar una actividad relacionada a lo artístico, lo cual creo que aporta mucho a la hora de transitar este mundo, ya que sirve para observar desde otras perspectivas, disfrutarlo y muchas veces soportarlo. Además de servir para canalizar distintos tipos de cosas o estados”, dice.

Navegar en nuevas aguas relacionadas a lo técnico de la fotografía en sí, impulsó un comienzo autónomo en esta rama, y una practicidad que abrió paso a esa fluidez necesaria en el campo de lo creativo. Su crecimiento en el área colocó en el camino otras necesidades que requerían ciertos perfeccionamientos, tiempo y práctica que, según asegura, no detuvieron su marcha en absoluto. “La fotografía ocupa un lugar importante en mi vida. Todos los días le dedico tiempo ya sea sacando, editando o simplemente viendo trabajos de otras personas”.

Pero, ¿por qué detener un momento? ¿Cómo encontrar ese punto de quietud perfecto para disparar una fotografía? Cuestiones subjetivas. “Supongo que el detener el momento es para poder revivirlo de alguna forma, mirarlo desde otra perspectiva”, apela. El encuentro con el momento se da a la hora del revelado y edición, es allí donde “FA” se detiene a mirar y re-pensar su encuadre, visto de diferente manera durante el antes, durante y después de la construcción de la imagen.

Como simbiosis en su esfera creativa está la música en primer lugar. Suenan “Ratatat”, “The Brian Jonestown Massacre”, Nicolas Jaar o tal vez un poco de música argentina. Allí todo se absorbe: colores, labios, ojos, miradas, gestos, frío, calor. “Las sensaciones se mezclan y modifican la mirada. También lo que uno mira genera sensaciones. Son parte de un todo”, subraya. Las sesiones son espontáneas y no dependen de un estado de ánimo en general, solo dejar libre el estado interno y fluir.


Rondando referentes, cabe mencionar algunos como “Rodchenko”, “Araki”, “Brandt”, Eggleston, D’Agata, Crewdson, Bill Henson e infinidad de fotógrafos que comparten sus imágenes en Internet. Aún así, el mundo artístico no lo atrae, de hecho le parece algo un poco ajeno y “snob”, pero si cuestiones más independientes, autogestivas y colectivas que se alinean en este meridiano.

Así prefiere guardarse en su nido de Capital Federal, tomando elementos de alrededor, para ordenarlos en el desorden y así llegar a algo único, verdadero y libre, como su propia composición visual. Y desde allí ser, auténticamente, desde la raíz hacia el todo que nos envuelve.-

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