“I follow you deep sea, baby” suena en una azotea con la voz de Lykke Li, Adèle, de 17 años, baila con el remix de The Magician de I follow rivers, Adèle no está segura de muchas cosas pero está segura de que el azul es un color cálido.

La vie d’Adèle es una historia de amor, una película que no se enfoca en quiénes se aman sino en cómo se ama. Esto es algo que les ha ganado el respeto y aclamación de gran parte del público. La quinta cinta del reconocido director franco-tunecino, Abdellatif Kechice, ganó popularidad en el 2013 al ser galardonada con la Palma de Oro en Cannes (tanto para el director como para sus dos actrices principales: Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos) y otras nominaciones en los Globos de Oro, los BAFTA’S y los Independent Spirit Awards, entre otros.

Está basada en la novela gráfica Le bleu est une couleur chaude (El azul es un color cálido) de Julie Maroh, obra en la cual la protagonista no se llama Adèle, se llama Clémentine. Sin embargo, Kechiche se tomó la libertad de cambiar ciertos aspectos de la obra, Exarchopoulos ofreció una actuación tan rica en los ensayos que el director le pidió nombrar a su personaje igual que ella, Adèle, que significa Justicia, aspecto que también fue importante para el director. Y es verdad, a sus 19 años, la actriz revelación de la película logra un papel intenso y emotivo, un papel con el que cualquiera se puede sentir identificado independientemente de la situación.

Adèle comprendió bien a la original Clémentine, la confusión de la juventud, el amor a primera vista, el destino y los corazones rotos que se dan en cualquier relación. Léa Seydoux, por su parte, ya era conocida pero quizás no reconocida. Kechiche esta vez le dio la oportunidad de mostrar más de lo que puede dar, comparado con el pequeño papel que hizo con Tarantino o las demás películas indie que no tuvieron tanta difusión como el gigante que se ha vuelto La Vie d’Adèle.

La historia se ha convertido en una de las más entrañables de la actualidad, habla por toda una generación tratando diversos temas. Los padres de Adèle son los clásicos, molestos que le preguntan a tus amigos por qué estudian arte si eso no deja nada de dinero, que no aceptarían de ninguna forma que les confesaras que tu amigo en realidad era tu amante. Sus amigos, dividos en dos, los que la apoyan en su confusión y los que le gritan “lesbiana”.  La Vie d’Adele fue ampliamente aceptada entre la comunidad LGBT, sin embargo también fue criticada por la falta de personas homosexuales en la vida real en el reparto, lo cual pudo haber añadido más realismo a muchas de las escenas. A pesar de esto, la cinta llegó en el momento exacto en Francia, donde se daba un amplio debate sobre la legalización del matrimonio gay, la obra de Kechiche fue sólo otro de los apoyos accidentales de la causa.

Con el increíble éxito de la cinta también vino mucha controversia, Seydoux y Exarchopoulus fueron sometidas a las clásicas preguntas sobre las escenas de sexo (como si fuera lo único que pasara en la película), la inexperiencia de Adèle al manejar a la prensa con preguntas que el único objetivo que tenían en algunas ocasiones era conseguir respuestas dignas de tabloides baratos. Se habló de un conflicto entre el director y las actrices, en el que supuestamente Kechiche las trató como “prostitutas” y las obligaba a repetir una escena miles de veces con muy pocas instrucciones. El asunto fue aclarado después por las actrices y nos dejó pensando a los espectadores: “¿ de verdad la repitieron mil veces?” En ocasiones, Seydoux y Exarchopoulus logran hacerte creer que podrías no estar viendo la relación a través de una cámara. La estrecha amistad de Léa y Adèle se transformó en una química impresionante en el set que hace que la cinta sea muy realista y espontánea.

Es poco decir que la película puede mover algo dentro del corazón de cualquiera que la vea, a pesar de que se cuida mucho el aspecto natural e informal de las actuaciones y la forma en la que se muestran, la transformación de la vida de Adele antes y después de Emma es sumamente importante para el director y esto es evidente. El color azul es recurrente en cada escena desde el momento en el que Adele ve a Emma por primera vez y es el principal hasta el final. La Vie d’Adele tiene alma, al mundo le hacen falta más cintas así, honestas, sin tanto maquillaje, preocupación por dónde se colocan las luces, el gran presupuesto y actores de más de 1 millón de dólares. La Vie d’Adele fluye, es real, es cercana, emotiva, desgarradora, bella en cada escena, sin duda va a ser algo que recordemos dentro de muchos años.

 

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