Hay pinturas que hablan por sí solas, las que están llenas de tensión, ansiedad, suspenso y misterio y que te obligan a voltear a verlas y detenerte por algunos minutos (e incluso horas) a realmente observarlas. Hace poco un amigo me presentó la obra de Andrew Valko, el artista checo que logra esta conexión entre el espectador y la pintura.

Gracias al realismo, parece ser que estamos frente a momentos decisivos e importantes para los protagonistas de las mismas mientras que transmite emociones e incluso entretiene a quien las admira. De hecho, el artista reconoce que su propósito nunca ha sido pintar algo que simplemente se podría colgar en una pared, si no que invitara a las personas a interpretarlo.

Su serie de escenas de Drive- In’s se enfocan en la nostalgia y en la misma idea de crear una realidad artificial a la que otras personas podrían sumergirse al observarla, como una forma de escape. Además, cualquiera podría reconocer algunas de las escenas de películas que añadió a las enormes pantallas de sus autocinemas y los detalles de los automóviles.

A pesar de mantenernos como observadores fuera del alcance de los momentos que el artista retrata, siempre hay algo que parece estar fuera de lugar y que desencadena un mar de posibilidades para interpretarlo. Andrew Valko nos abre la puerta a las noches de diferentes personajes, noches con el típico panorama norteamericano. El misterio de estas radica en lo difícil que es entender si todo salió bien ó mal, ó si hay algo que se está escapando de nuestros ojos y la incertidumbre de lo que pasó antes o después, con Valko hay que observar y no sólo mirar.

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