Toda la expresión artística del colectivo LAVAMOATUMBÁ se reunió para hacer temblar la ciudad de Bogotá con un arte accidental, un homenaje a la cultura oriental dentro de  una edificación abandonada.

Hace algún tiempo, LAVAMOATUMBÁ se tomó alguna casa que iba a hacer demolida en un rincón de la ciudad de Bogotá, en esta ocasión, decidieron demoler con arte las paredes de un viejo restaurante chino que sería destruido. El resultado, una ola de artistas que basándose en la decoración asiática que todavía se podía disipar en el espacio, logró hacer vibrar el piso con un movimiento que desembocó en el Tsunami de pintura, instalaciones, fotografía, Street art y muralismo.

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El templo dorado en su inauguración se llenó de visitantes. La entrada desembocaba en un mar de gente que ocasionaría el Tsunami, en su interior, las dimensiones del espacio harían viajar al espectador en una especie de barrio chino. La llegada de la muestra artística se encendió con música, luces y colores. El aire faltaba, pero las emociones por detallar cada pared pintada alimentaban las ansias de descubrir este nuevo santuario del arte.

Nosotros no escogimos la casa de la nada. Había sido un restaurante chino, tenía adornos y seguramente muchas historias que no sabemos. Por eso quisimos rendirle homenaje a la cultura oriental y nos pareció que una forma de hacerlo de manera contundente era que se sintiera como tsunami”. Dice Chucho Bedoya, artista vocero y creador del proyecto.

Esta edificación tiene el encanto de un territorio desolado que conquistarían artistas colombianos y dejarle tatuado su propia distinción. Durante su intervención, el espacio se convertía en un lugar que en vez de caerse a pedazos, construía nuevas maneras de expresarse. Algunos artistas como Nice Naranja que de la mano de Chucho Bedoya trajeron a flote el proyecto, reiteraba que se parecía más a una casa que profesaba amor por el arte:

“Esta casa me produjo una especie de fantasía de templo ninja, de aprender lo máximo (…) no un templo de religión sino más bien en el de creer en algo que se va a desechar. Si no hubiéramos venido, esto duraría hasta que lo demolieran en vacío y en silencio.” Dice el artista Nice Naranja.

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Para esta segunda versión de LAVAMOATUMBÁ además de contar con la labor de Chucho Bedoya y Nice Naranja, contó con la colaboración del colectivo artístico Clan Splash, conformado por los artistas Felipe Céspedes, Sebastián Pedraza, Sebastián Villalba y Gabriel Rodríguez. La participación de los artistas para este tsunami se incrementó, si en la primera versión habían unos 70 artistas, en esta ocasión quienes harían que este templo dorado reluciera fueron alrededor de 120 artistas nacionales e internacionales. “Nos permitió brindarle más espacio a mucha más gente, el proyecto desde la primera versión ha sido inclusivo. El que quiera participar que lo haga.” Recalca el artista Chucho Bedoya.

La entrada le da la bienvenida a una cultura ajena pero apropiada de manera colombiana, la primera fachada estuvo a cargo de los artistas colombianos Skida y Dj Lu, una lucha de Sumo que anunciaba el tsunami del interior del espacio. Marquesinas de oro, el rojo y simbología china recibían a la gente, en sus paredes aparecían las primeras pinturas, unos tigres, dragones, mitologías y leyendas del mundo asiático convertidas en obras de arte.

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La madera de sus paredes y el techo con dragones en incrustaciones doradas, hacían entrar al país asiático. Murales de Geishas hechos por Ledania, el increíble trabajo en madera de la artista Vanessa Matiz empezaron a verse en el recorrido. Máscaras forradas de color y el metro peculiarmente parecido al caos cotidiano del transporte público colombiano.

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“Es una intervención efímera, abierta a grandes y excelentes espacios que esperan ser encontrados y despedidos como debe ser” Dice la artista Lina Arias quien hizo parte de este proyecto.

Como recorriendo un laberinto, un dragón guiaba al visitante por las escaleras hasta el segundo piso. Un recinto de espiritualidad rodeado de ratas los esperaba, se trataba de la instalación de la artista Lik Mí, a su lado, un cuarto hecho por el artista Bogy con cintas de casete de música respondía con luces neones al arte. Un jardín secreto en medio de una obra a blanco y negro, al costado del segundo piso, mientras se seguía por el estrecho pasillo a las diferentes habitaciones que contenían un sabor distinto a la expresividad.

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Quise retratar lo que fue el distrito de  Koloon, una manzana de edificios en Hong Kong donde habitaban 50.000 personas. Fue uno de los lugares con más densidad de población por metro cuadrado del planeta, hasta que en 1993 se demolió”.  Explica David Escobar, artista que intervino una de las paredes del segundo piso.

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Varios son los sabores que se logran percibir en esta casa y antiguo restaurante chino. Es ver surgir el crecimiento artístico en una manera distinta que acapara la atención, que crea espacios únicos y que incluye a quienes disfruten hacer arte. Como dice la voz de LAVAMOATUMBÁ:

“Es intrigante ver las ruinas que habitan una casa abandonada al entrar en ella por primera vez. Ver cómo los pies van dejando camino en el polvo mientras se observan las huellas que dejaron muebles invisibles, se podrían imaginar historias infinitas acerca de lo que pudo haber pasado años atrás”.

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Imágenes y texto por Sandra Fernández.

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