“How did I end up here? This place is horrible….it smells like balls.”…..Bueno, el Metropólitan no huele a….bueno, a eso. Pero ¿cómo terminé aquí?… parece una buena pregunta para empezar. Nunca vi Birdman cuando se volvió lo que tenías que ver por los Óscares y todo eso. ¿mala mexicana? …tal vez, pero no lo suficiente como para verla en Cuevana cuando me di cuenta de que se me había acabado el tiempo para verla en el cine. Pero hace poco tiempo vi un post que me cambió la semana, parecía que al final había esperanza para esta niña que solo sonreía y hacía como si no hubiera escuchado cuando le preguntaban que qué le pareció Birdman. Fue así que elegí me interesa en las opciones del evento de Warp. Dos días después, cuando ya había olvidado ese evento y me había resignado a esperar a rentarla en Blockbuster, perdón, B store, recibí un mensaje de uno de mis mejores amigos: íbamos a ver a Antonio Sánchez musicalizar en vivo su obra maestra, Birdman el 6 de abril a las 8:30 p.m.

Es gracioso cómo cada quién puede relacionar una película con su propia experiencia, bueno, no es gracioso, es hermoso. Fue un año completo o más de escuchar hablar sobre la obra maestra de Iñárritu y Lubezki, el dúo ultra poderoso de México, sin embargo, sólo recuerdo una vez que escuché: “la batería es muy buena”. Nunca me pregunté más sobre eso; la batería era buena, la fotografía del chivo era brutal, Iñárritu es un genio, nuestro genio. Warp entonces parece haber hecho una labor a la sociedad haciendo este evento porque casi nadie se enteró del otro genio detrás de dos nombres que ya son titánicos. Fue así que el miércoles 6 de abril me resigné a decirle a mi amigo de camino al teatro: “Nunca he visto Birdman, ¿ya te había contado?”. Fue bueno no ver la cara que puso.

Llegamos al Metropólitan, el vestíbulo lleno de cinéfilos con sus playeras de películas de culto, sus gritos emocionados: “¡Imagínate que viene Alejandro!”, el olor de las palomitas, la barra atascada con una de esas filas sin sentido dignas de un bar, las imponentes escaleras de uno de los teatros más importantes de la ciudad con sus techos majestuosos y los pósters de Birdman. Por fin. Nunca había visto un Metropólitan así, el teatro se había vuelto un cine.

Primera llamada, Segunda Llamada, Tercera, después de una breve introducción explicando el por qué del evento sale Antonio Sánchez. El teatro se lo come a aplausos, es como tu familia después de que ganaras el partido, Antonio está feliz y en casa, ya casi se me olvida el diminuto espacio donde tengo que acomodar mis piernas por las próximas 2 horas, la señora de al lado viene sola, está emocionada, se nota incluso en la oscuridad, Antonio comienza a hablar….. todos guardan silencio. Siempre me ha gustado escuchar a la gente hablar de lo que ama, lo que le apasiona y ese momento que le cambió la vida. ¿Cómo terminó aquí? también parecía una buena pregunta para empezar. Antonio conoció a Iñárritu sin saber que era Iñárritu después de un concierto de la banda de la cual es baterista Sánchez, el Pat Metheny Group. “A ver, dime algo que haya visto” “Pues hice una que se llama Amores Perros”.

Foto:Warp

Alejandro y Antonio se vuelven amigos. Alejandro le marca a Antonio “Me dice: ‘Antonio, cabrón, tengo que hablar contigo.’ Alejandro dice mucho ‘cabrón’ “. Alejandro invita a Antonio a participar en una nueva película. Le dice a su novia y a su suegra: “Iñárritu me acaba de ofrecer su nueva película”.

Fue así que comenzó la aventura de Birdman para Sánchez, quien jamás hubiera imaginado que terminaría donde está. Pero Antonio ya volaba muy alto desde antes de la cinta, nos comenta El Economista. Antonio estudió desde los 17 años en el Instituto Nacional de Bellas Artes la licenciatura de compositor, después se movió al aclamado Berklee College of Music donde continuó sus estudios. Es nieto de Ignacio López Tarso, quien estuvo presente en la gran noche de Antonio en el Metropolitan. Terminó tocando con el Pat Metheny Group, de quien se volvió fan cuando Iñárritu y Martín Hernández los pusieron en su programa de radio Magia Digital. Si no creen en el destino después de esto….

Iñárritu le mandó el guión a Antonio y le pidió que le mandara algunos avances. Sánchez le envió sus demos para recibir la respuesta del director: “Están muy padres tus demos pero es justamente contrario a lo que estaba buscando.” Alejandro quería algo más improvisado, más hacia el jazz y la emoción. Antonio se tranquilizó, ese estilo es justo en el que se especializa. Se reunieron para comentar las escenas y comenzar a trabajar con más precisión. Los demos que fueron resultado de esta reunión en Nueva York sirvieron para que los actores ensayaran con ellos y sintieran el ritmo de la película. Después del impresionante mes que duró la grabación de Birdman, Sánchez volvió al estudio para volver a grabar la música con los arreglos necesarios. Dos días fueron necesarios para componer la obra maestra que hace a Birdman mucho más emocionante y llena de sentimientos.

Comenzó Birdman y Antonio seguía la película con una pantalla en frente para mantenerse en perfecta sincronía. Si recuerdan el principio sabrán que Sánchez comenzó a demostrarnos su gran talento en apenas los primeros segundos de la cinta con las letras que se acomodan de acuerdo al ritmo que marca con su batería. En ocasiones olvidabas que Antonio estaba ahí, la batería tiene algo que hace que se sincronice con tu corazón y le marque el ritmo para sentir lo que estás viendo en la obra de Iñárritu. Antonio nos tenía entre sus manos, hacía que nos emocionáramos, nos alertaba que algo estaba por suceder, nos hacía entender la frustración de Thomson y la teen angst de Sam. Todo el público, emocionado, aplaudía cuando los tambores de Sánchez se hacían notar más. Antonio no tuvo suficiente y cuando terminó la película decidió deleitarnos con 15 minutos más de su talento. Antonio no se cansa de tocar, ni nosotros de escucharlo, en realidad, no creo que nadie se cansaría. Antonio toca con el corazón en la mano, las batacas parecen una extensión de sus brazos y se nota la experiencia y el amor a la música que corre en su cuerpo desde pequeño. Antonio sabe manejarnos, sabe dónde debe tener más fuerza, es preciso, en ningún momento pierde el ritmo y termina con un final peculiar, haciendo un sonido metálico en los platillos, parecido a cómo suena una copa cuando la tocas con los dedos mojados.

Foto: Warp

Todos lo despiden con un aplauso bestial, el Metropólitan retumba, ya no por la batería de Sánchez, si no por el orgullo que siente México por otro de los mexicanos que ha logrado poner el nombre de nuestro país en alto. Por mi lado descubrí la inesperada virtud de la ignorancia aplicada a mi tristísimo caso. Ver Birdman por primera vez en el Metropólitan podría entrar a una de las mejores experiencias de mis escasos 20 años, de haberla visto antes hubiera sido otra cosa. En Birdman, Thomson dice algo que tal vez sea cierto, los críticos deciden volverse críticos cuando se dan cuenta de que no pueden ser artistas. Después de ver Birdman y el poder del talento de Antonio Sánchez ¿quién no podría creer que tal vez estemos hechos para volvernos críticos nada más?

Foto: Sopitas

Antonio Sánchez, baterista y compositor

Foto: Antonio Sánchez

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