La ciudad de México se vio invadida por un fenómeno esponjoso que hizo que las personas miraran el cielo de nuevo ya que las nubes se transformaron en figuras como estrellas y flores.

Sponch dio un giro a la vida rutinaria por medio de un simple juego de memoria digital que, al ser tecleado correctamente, expulsaba nubes, burbujas y premios, recordándonos que la vida hay que vivirla como una aventura diaria.

Hoy en día nos encontramos con el inevitable crecimiento de la tecnología. Cuántas veces hemos escuchado: ¡ya deja ese teléfono! Esto nos hace reflexionar y nos hace conscientes de que al interactuar en el mundo digital, dejamos a un lado el mundo real y damos por hechas muchas situaciones a nuestro alrededor que podrían maravillarnos.

Esta idea de poner a la gente a convivir, a divertirse, la crea Sponch por medio del mejor ejemplo que tenemos: los niños. Hay tanto que aprender de ellos, en especial su capacidad de asombro, así como la capacidad de no dejarse hundir en la rutina.

La máquina diseñada para lograr capturar la atención de la gente era un juego de antaño que consistía en memorizar colores de acuerdo a una secuencia con luces. Los participantes lo conocían de hace unos años y participaron activamente para poner en práctica sus habilidades de memoria.

Los premios de la máquina eran: galletas Sponch, pelotas, MP3, entre otros. Estos premios nos hablan de que no podemos escapar de la tecnología, pero podemos adaptarla a modo de que no dejemos de encontrar felicidad en las pequeñas cosas de la vida.

Con esta genial idea los participantes y las personas alrededor pudieron dejar a un lado el tráfico, el frío, el estrés, para ponerse a jugar, para volver a admirar nuestra bella ciudad, le dieron un Sponch a la vida.

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