Hace mucho que no me complacía tanto en hablar de una película, siempre será bueno hablar de cine, pero sólo en dos ocasiones uno lo vive con más intensidad: cuando se habla de un filme muy bueno o de uno muy malo. En este caso, hablo de una cinta simple, como de las que ya se me ha hecho una costumbre hablar, pero muy divertida e inteligente.

Al llegar a Argentina para la boda de su primo, los dos hermanos franceses se encuentran ambivalentes ante este gran país; al menor, Antoine (Nicolas Duvauchelle), lo acaba de dejar su esposa, mientras que el mayor, Marcus (Philippe Rebbot), vive y aprovecha cada momento en esta tierra latina. Marcus, con ánimos de emprender una aventura, se la vive tratando de que su hermano se distraiga de su situación consiguiéndole prostitutas, llevándolo a bares sin lograr mucho. Es hasta el momento en el que emprenden el viaje en auto a Mendoza que conocerán a grandes personalidades y quizá, lleguen a conocerse entre sí.

La opera prima de Edouard Deluc, resulta ser un exquisito recorrido turístico por los pasajes recónditos de Argentina, en los que no sólo se dejará ver a una gran cultura más allá de Maradona, Borges y la increíble Mafalda, y demostrará grandes personajes, que con un pésimo inglés, emprenderán una de las mejores aventuras en el auto que podamos presenciar fuera de la cultura estadounidense.

Cabe mencionar que Francia actualmente aspira a un cine parecido al de Hollywood, demostrándole a su industria que ellos la pueden imitar y hasta mejorar como lo hicieron los italianos hace unas décadas con el western y es precisamente en este filme y en ‘El Amor Dura Tres Años’ (del cual hablé hace unos meses aquí)  que se comprueba lo mucho que los directores franceses se están esforzando por recuperar el número uno en calidad cinematográfica. Aunque ya no se muestra como en la Nueva Ola, ahora se intenta acercarse más a las grandes líneas narrativas que han salido de Hollywood y darles un toque de humor negro y la característica inteligencia de éste que las hace mucho más personales y empáticas que las de su gran oponente.

Definitivamente, hoy escribo con ganas de convencer al lector de que busque esta película y la vea, no sólo por lo técnicamente bien hecha, ni por el magnífico guión que tiene y ni siquiera por lo mucho que reí durante su proyección, sino porque también es una película en la que, como latina y mexicana que soy, me siento identificada y con muchas ganas de agarrar la maleta y escaparme, así como los protagonistas, a la aventura en Argentina.

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