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Con una vida tan corta pero con una obra bastante prolífica, Francesa Woodman hizo fuerte presencia en la fotografía con un trabajo personalísimo. Nacida en Colorado en 1958 y dejando el mundo a los 23 años, se convirtió en una fotógrafa de culto.

2011112844file_1010_1751“y olvidé cómo leer música”

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De padres artistas, su infancia y adolescencia estuvo rodeada del mundo del arte, asistiendo a la Escuela de diseño de Rodhe Island, donde tendría la oportunidad de hacer una estadía en Roma que la empaparía en los estilos del surrealismo y futurismo. En 1981, cuando se muda a New York para comenzar su carrera fotográfica, y siendo rechazados sus portafolios por los fotógrafos de moda, Woodman entra en una profunda depresión, que la haría saltar del edificio donde vivía dejando una carta en la que declaraba “Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones, en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…

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Y un día más desperté sola en estas sillas blancasy un dia desperté sola en estas sillas blancas”

Su obra llena de melancolía, soledad e introspección, retrata usualmente mujeres en poses  que exaltan la vorágine del ser; cuerpos desnudos en ambientes abandonados, a veces mostrando la cara de la protagonista son algunos de los temas que suele tocar en su fotografía. En formato (casi siempre) en blanco y negro, Woodman retrata  a su ‘yo’, el estruendo de su alma, pues según ella “La fotografía es también una manera de conectar con la vida. Hago fotos de la realidad filtradas a través de mi mente”.

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Textopor: Cherry Catalán.

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