Francisco Toledo es un artista plástico mexicano quien se ha distinguido también por ser un activista social, filántropo y ambientalista. Es considerado como uno de los más importantes artistas vivos de nuestro país.  Actualmente está presentando la exposición Duelo en el Museo de Arte Moderno, con piezas que trabajó en el taller del ceramista Claudio Jerónimo López en el Centro de las Artes de San Agustín, Oaxaca.

Cabe mencionar que en México estamos acostumbrados a llevar duelo en el corazón siempre. A pesar de que la mayoría de nuestros conocidos  no han sido víctimas de ningún tipo de violencia directa por parte del gobierno o de nuestros paisanos, las noticias están llenas de sangre, de tristeza, de impotencia y dolor.

El título de la exposición es sumamente importante para el sentido que el artista le quiso dar a su obra como discurso político y elemento para recordar eventos pasados. La palabra “duelo” se puede entender de dos formas, en el sentido literal o en el sentido que se le ha dado en la psicología. Según definicion.de, duelo tiene sus raíces en el latín duellum, que significa “combate” o  “guerra”. El “duelo psicológico”, por su lado, se refiere al proceso de adaptación emocional tras una pérdida irreparable. Si estas dos definiciones se analizan con respeto a la exposición de Francisco Toledo en el MAM, ambas tienen todo el sentido como nombre para la colección de obras de cerámica del artista oaxaqueño.

Toledo se enfoca principalmente en hechos que ya pasaron; como mencionó en la rueda de prensa previa a la inauguración, se concentró en los acontecimientos de los 70’s en Oaxaca y las desapariciones, desde Iguala hasta Tlatalya.  Visto desde este punto, la exposición lidia con el duelo psicológico: una forma de entender y lidiar con una pérdida irreparable de su estado natal. En cuanto a la definición que se refiere a un combate, Toledo es conocido por ser un activista social. Para mí, no ha habido ninguna revolución sin arte y toda obra tiene un tinte revolucionario cuando se trata de transmitir lo que pensamos, y, en el caso de Toledo, manifestarse en contra de un sistema, combatir contra un gobierno que le robó una parte vital. A pesar de estos hechos son de hace años, volvemos a ver la misma situación de desapariciones forzadas con los 43 desaparecidos de Guerrero.

Además, Toledo nos recuerda la violencia de la época que recuerda por medio de pigmentos rojos intenso en todas las piezas que conforman la exposición. En ocasiones las piezas de cerámica llegan a ser grotescas, lo cual a primera vista es molesto y se puede escuchar a varias personas hacer sonidos de disgusto y muecas al verlas, pero ¿no es así de grotesca la violencia contra víctimas inocentes y la tortura sin fin de muchas de ellas? En realidad, Toledo no sólo esta denunciando la violencia física con la sangre, sino que también la da un lugar a la violencia psicológica y el dolor tanto de las víctimas como de las personas que les han llorado. El rojo es impactante cuando contrasta contra los tonos terrosos y el negro de algunas de las piezas. Incluso la iluminación de la sala fue cuidadosamente elegida, la oscuridad parece sumergirte en el mismo dolor y obligarte a escuchar los gritos de desesperación de las víctimas.

Ninguna pieza es perfecta, y no tendría por qué serlo debido a su temática. El barro de por sí tiene una denotación que lo acerca más al pueblo y a lo rústico, a las artesanías, a la tierra natal del artista que a la ciudad. La textura de cada una de las piezas recuerda a huesos, a vísceras y órganos en el piso, es un recordatorio constante de que se está refiriendo a cuerpos sin vida. Francisco Toledo no solo está denunciando, está recordando y purificando a las víctimas de un país en el que la violencia es cosa de todos los días.

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