Desmembrar juguetes para posteriormente unirlos a fin de crear un nuevo “ser”, es la propuesta del imaginario de la artista Freya Jobbins.

La sudafricana de nacimiento pero australiana por residencia, es la autora del ejemplo que argumenta que el todo, solo tiene sentido cuando el objeto final es observado en conjunto.

De esa manera es como brazos, piernas, ojos, caras, oídos y pies, se mimetizan en fascinantes esculturas cargadas de simbolismos personales en choque de emociones.

Inspirada en Giuseppe Arcimboldo, artista italiano reconocido por sus representaciones manieristas del rostro humano, en donde utilizaba flores, frutas y animales para dar vida a sus personajes, Freya expone sus esculturas como denuncia al fetichismo consumista y a la cultura del reciclaje emergente en las artes plásticas.

Los colores que presentan sus obras no remiten a la naturaleza de la procedencia de sus piezas, son artificiales y violentamente enfrentados entre ellos, pero aun así, el previo conocimiento que el espectador tiene de los rostros representados, permiten que el reconocimiento de las esculturas se lleve a cabo fácilmente.

Es este mismo reconocimiento el que ha llevado a espectadores, generalmente adultos, a cierta repulsión por estas “esculturas de juguete”, especialmente por las de muñecos color piel.

En cambio, son los niños quienes encuentran muy atractivas estas figuras, quien a decir de la artista, solamente ha sabido de un infante a quien su trabajo no le ha gustado. ¿A ti qué te parecen? 

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*Todas las imágenes tomadas de la página de la artista

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