Se hablaba de las palabras, fieles herederas de un sinfín de significados. Tan vacías y llenas. Tan descriptibles y comparables. Reemplazables. Cuestionables. El cuerpo, sabio, leal, se ha elevado a otro plano. A uno de verdad expresable, capaz de hacer resonar bien alto el cuerpo del silencio. Solemne. Callado. Primero tal vez las cejas, luego algún brazo, quizás un movimiento de muñecas, o finalmente una forma de mirar. Hay quienes saben que todos poseemos ese magnífico don de hablar sin palabras, y también hay quienes no sólo lo saben, sino que lo expanden. Gastón Hendlin, un mapa abstracto de mil colores hacia el efecto artístico emocional.

“Creo que la fuerza que me llevó a descubrirme como artista fue la búsqueda interna, eso de querer expresar y que no podía hacerse con palabras. Pasaba por expresar cosas tan profundas que quizás las palabras no eran suficientes”, dice y comienza el primer fotograma de una película de pinceles, detalles y saberes que continúa por describir la matriz interna que lo habita para superarse, conocerse y entenderse. De eso trata su obra. “Esta fuerza, sin ninguna duda fue una fuerza interior, y qué bien representada está en los cuadros que hago. Creo que justamente esa fuerza está volcada en cada uno de los drippings o pinceladas que doy”.

Mientras observa mezclarse colores y formas, compone un nuevo universo de maneras de expresar y comunicar. “Como decía antes, a veces, el diccionario no pone todas las palabras que uno necesita, y no hay idiomas que puedan expresar como lo hace la pintura o el arte. Hablar un nuevo lenguaje, tomar trazos y pinturas como forma de expresión, inventando un nuevo vocabulario que habrá un otro que lo entenderá de una forma o de otra, que quizás interprete lo que quise decir, pero quizás no, y a su vez, haga otro entendimiento completamente diferente a lo que pensé yo”, explica y detalla la sensación de la liberación al abrir la puerta del arte, desde donde puede explorar caminos de búsqueda, de aprendizaje, de rupturas, de soltar cosas, de aprender.

Según Hendlin, el arte surgió en él como una curiosidad hace poco menos de cuatro décadas. ”Siempre tuve interés por todo lo que tuviera que ver con el arte: teatro, cine, música, literatura, pintura, escultura, etcétera. Siempre fui mucho de observar, aprender, analizar, tratar de comprender qué le pasaba al artista para hacer o crear eso”, recuerda y vuelca al presente: “El arte está diariamente en muchos lugares. Mi conexión es habitual, me tomo tiempos para hacerlo cuando el día a día no siempre lo permite. Está vinculado todo el tiempo conmigo y yo con él”.

Sus sesiones de creación explotan y se expanden como un Big-Bang de cualquier estado de ánimo, música o lugar. No existen barreras en el disparador de una obra. “Dado que mi obra es abstracta, dejo mucho lugar a la sorpresa de jugar con la magia de la pintura: a veces uno imagina una cosa, y la pintura misma lleva la obra para otro lado”, expone y añade: “Muchas veces los colores se mezclan de una forma que uno no espera, el agua, los pinceles, todo va jugando un papel importante en todo el proceso. Mi relación con ese proceso es bastante especial, uno crea y al mismo tiempo se sorprende, uno piensa pero deja que el proceso y los materiales hagan lo suyo”.

“La pintura da la posibilidad de contar una historia, es mágica, uno propone pero la pintura dispone, uno puede jugar, hacer algo lúdico o hacer algo muy complejo, depende de cómo uno se sienta, para que la pintura fluya de una manera o de otra”.

 La polaridad en sus obras lo define y enorgullece: se ama o se odia. “No sé si hay mucha gente a la que mis pinturas le resulten indiferentes, y eso es lo que me parece que me refleja un poco a mí. Ambas son válidas, ambas son lo que busco, generar algo en la otra persona, no importa qué, simplemente movilizarlo desde algún punto, cualquier sentimiento que le produzca es aceptable, porque de eso se trata, de que te plantees algo, que te surjan interrogantes y no los puedas contestar, que quieras romperlo, llorar o reírte, no importa qué, solo importa el sentimiento o la sensación que te produce”. 

Kandinsky, Miró, Pollock, Dalí, Rodin -por nombrar algunos-; artistas contemporáneos, también artistas locales, todos conforman galaxias en red sobre su mente autodidacta, y lo convierten en Gastón Hendlin“un tipo simple y complejo a la vez, solo hay que saber conocerlo para poder encontrar un lado o el otro. Amado y odiado, como mis cuadros, así me defino. Un tipo analítico y racional, pero a la vez sensible. Siempre me maneje entre el blanco y el negro, entre el azul y el rojo pero gracias al arte y a otras cosas, descubrí que también existen los grises y los violetas”, cierra.


Gaston Hendlin
Recommended Posts