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Cuenta la historia que el flautista encantaba a quien estuviese a paso endulzándolo lentamente con la melodía que de su instrumento brotaba. Hay quienes se debaten la esencia real de este cuento. Hay otros que la interpretan a su modo. Lo cierto es que aquí como en el mundo, el arte ha de venir a encantar con sus dones a quienes a su paso sepamos percibirlo. En su estela al pasar, nos transformó en libres, libres de observar, de sentir, de vibrar, de vivir, el alma y el cuerpo. Ella es Hanna Ramone, y del perfume de su arte sobre fotografías se supo desprender una espesa impronta, que, dicen, un día cobró vida..

“Se trata de una visión que trascienda, que haga de cualquier momento algo sublime”, exprime y abunda. Tiene 30 años y una clara intensión: Quiero que se resignifiquen los límites de lo que es considerado bonito o feo, femenino o masculino”, destaca y explica su motivación por echar abajo los prototipos que la sociedad elige por todos. “He descubierto a través del arte que el ser libres debemos tomárnoslo en serio porque hay muchas cosas que coartan la libertad de pensamiento y acción; me gustaría que no existieran tabúes, y que la gente apreciara y valorara más su cuerpo”.

La brisa que dejó el movimiento le sacudió un poco el pelo y las ideas a la niña que allí estaba con una cámara en manos en alguna vereda de Pasto, Colombia. La primera imagen que tomé fue cuando tenía 6 años, mi padre me entregó su cámara para que yo hiciera un retrato de él y mi madre. Eso me generó algo que jamás olvido: una sensación de confianza y poder, pero también de sensibilidad frente a lo que estaba observando. Era una imagen realmente bella, llena de amor, y aunque el momento fue algo fugaz, me cautivó para siempre”, recuerda. Hoy, luego de haber danzado sobre otras ramas del arte, se ha volcado de pasión hacia la fotografía de colores, juegos, risas, gritos, carcajadas y sonrisas. El mensaje es claro. El mensaje es ella. “Lo que cautiva de la foto es que todos los factores que la componen develen algo de quien eres, cuenten una historia o al menos la insinúen, y esa imagen que creaste tenga algo que te diferencie del resto”, manifiesta.

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De allí nace un nuevo arte al mundo. “Mi manera de comunicarme es a través de las imágenes. En éstas puedo plasmar todo lo que me contiene. Cada imagen me representa. Particularmente me gusta lo bizarro, lo erótico, lo banal, lo bello, lo provocador”, suelta y brilla. “Uno de mis mayores miedos es perder la capacidad de asombro, por eso he pactado conmigo misma movilizar siempre las ansias depravadas de seguir creando”.

Y del poder que emerge de sus manos nace una nueva obra cada vez, cada vez más llena de pasión, de fuerza y empeño. Cada vez más esencia, transparencia y más ella misma. “Los estados de ánimo para crear pueden ser diversos, no creo que haya uno ideal”, dice y destaca la importancia de imprimir sensaciones y pensamientos en aquello que se está transformando en una nueva imagen. “Pienso en la fugacidad con la que se puede conocer a una persona y aprovechar lo diverso que ésta encarna en condiciones de miramiento. El estado ideal es cuando se suscita la variante del intercambio”.

 

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Arte y vida se enlazan en un juego de luces y estallan al infinito. Cada persona se empapa un poco, se salpica y multiplica. “Sin arte estamos perdidos. El arte ha sido desde todos los tiempos aquello sublime que nos aleja de lo superficial, o por el contrario viniendo desde lo mundano nos acercan a la humanidad de la que somos parte. Creo que cada artista lleva a un antropólogo dentro de sí, y no solo eso, un poeta, un sociólogo, somos multidisciplinarios”, sostiene la artista de sangre salvaje, de mente clara y espíritu liviano, y añade: “La transformación que surgió en mi fue entender la belleza no como una construcción social o cultural, si no entender y enamorarme de la belleza desde cualquier perspectiva, desde la que provoca hasta la rebosante de vitalidad y energía”.

El camino la ha sabido llevar por nuevos planetas y exigentes caminos que la formaron y le dieron herramientas de creación. Hoy forma parte de diversos proyectos que la estimulan a seguir cada vez más lejos y más llena de brillo interno. Es su último año en Buenos Aires, luego volará por ahí. Lo cierto es que la magia seguirá estando y transformándose cada vez. Aquí y allí, en todos lados. “La posibilidad infinita de crear libremente, el comunicarse con el otro inclusive cuando no estás en cuerpo presente”. La fugacidad, la captura, el ojo que lo ve. Hanna Ramone, poesía, imagen, brillos y color.

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