“En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos.” Así comienza la reseña de la editorial Tusquets para uno de los libros más esperados del 2009, 1Q84, del ya reconocido autor japonés Haruki Murakami, uno de los mejores y más importantes novelistas contemporáneos. Es curiosa la conexión que existe entre la idea concebida por Orwell quien miraba hacia el futuro escribiendo 1984 35 años antes de esta fecha, Murakami al referirse a este año 25 años después de la misma pretende “mirar al pasado, sin dejar de ver el futuro”, como él mismo menciona.

Ya hace tiempo que le agarré cariño a este autor que construye sus propios mundos a partir de una sociedad que conoce bien, la japonesa, estableciendo las reglas de cada uno de ellos sin perder detalle en sus descripciones y encerrando a sus personajes en situaciones curiosas. Su método es experimental, siempre jugando con la forma en que las historias de sus personajes podrían encontrarse en cualquier momento o estar entrelazadas sin que ellos lo noten siquiera. Con Murakami, casi se puede tocar la finísima línea entre realidad y ficción. Sin embargo, después de familiarizarme con él con otras obras y llegar a After Dark, nunca pensé que pudiera encontrar algo mejor de su mente, nunca me imaginé toparme con 1Q84. Y es que Tusquets, la casa de Murakami en sus obras traducidas, también sabía perfectamente lo que significaba este libro, 1Q84 es, sin duda, la obra más ambiciosa del autor.

Todo se desarrolla alrededor de Aomame, una instructora de gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas, quienes están unidos desde su niñez por haberse tomado de las manos por segundos, los cuales son decisivos para la vida de ambos y su entrada a un mundo paralelo. Por supuesto, Murakami no suele simplificar la vida de sus personajes, sino todo lo contrario, y decidió darle a Tengo y a Aomame una doble vida, por así decirlo. Algo que podría parecerse a un spoiler (pero que la contraportada rebela abiertamente ya que Murakami también decide hablar sobre ello desde el principio del libro) es que Aomame es una asesina a sueldo y Tengo es contactado para corregir una obra enigmática escrita por Fukaeri, una misteriosa muchacha de 17 años.

Aomame y Tengo se adentran, sin saberlo, en un mundo de violencia y al mismo tiempo fantástico, la obra de Fukaeri parece cobrar vida ante sus propios ojos en la forma de una Luna que ya no se aprecia igual, de criaturas que parecen haber salido de un cuento de hadas pero que cuentan con las características humanas y realistas famosas de Murakami. La soledad de ambos personajes es uno de los ejes de los que emergen todas sus acciones, ambos han vivido esperándose sin saberlo.  1Q84 tiene alma, tiene sus propias reglas que Haruki ha dejado al lector para descubrir poco a poco junto con los dos protagonistas. De nuevo, Murakami incluso eligió un soundtrack para ese pequeño paso entre la realidad y la fantasía, como ya lo había hecho en Tokio Blues, utilizando Norwegian Wood de los Beatles, en este caso es el turno de la Sinfonetta de Janácek de hacernos dudar de en qué mundo estamos viviendo. 

Murakami sin duda sigue innovando con la forma en que sus historias se entrelazan, sin duda parece mirar el pasado para explicar el futuro , eligiendo también una curiosa forma de repartir sus capítulos para contar la historia de cada uno de sus personajes. 1Q84  es, definitivamente, su obra más ambiciosa hasta ahora y con la que será recordado por todos los que deciden comenzar el viaje de los tres libros que constituyen la obra. 1Q84 se acaba con melancolía, con reflexión, soledad quizás, esperanza, duda, y algo que aún no sé explicar que hace correr hacia tu ventana y asegurarte que la Luna que has visto todos los días continúa igual que ayer.

El sitio interactivo de Tusquets para 1Q84: www.tusquetseditores.com/murakami/

 

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