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Un sonido, una vibración, una nota que hace vibrar el cuerpo entero, desde los pies hasta la coronilla. Un eco de mil formas que flota en el aire y se hace carne en cada uno, y al cerrar los ojos te transporta en espacio y tiempo, traspasando dimensiones, aromas y cielos. Cielos. Cielos de si bemoles y soles séptimas. Un sonido encielado que llega directo a donde queremos que llegue, por lo general, a lo más profundo de nuestras almas y memorias. Reminiscencia.

Jessica Naulls y las tormentas. La primera llegó a Inglaterra desde muy lejos a muy temprana edad, arrasando con todo, llevándose con ella al padre, el señor Naulls. Esa fue la primera vez que vio el cielo cambiar de color, la primera vez que le dedicó una canción. Numerosos temporales pasaron después, pero ninguno como aquel que tomó por los brazos a su padre y lo llevó a un nuevo lugar, desconocido para nosotros. Los grises sonaban graves y permanecían en el aire, densos, calientes, a borbotones. “Me expreso desde que soy muy chica. Siempre cantando y tomando clases, interesándome en el aprendizaje de distintas ramas, como teatro, danzas. Escribo poesía libre desde los 13. Descubrí que ésta era mi salida, y que no habría que tocar más nada”, revela.

Cada tanto miraba por la ventana dejándose embelesar por el movimiento de los árboles frondosos que afuera seguían, verdes. Mientras tanto, los graves se absorbían en su alma, sembrando lo que algún día habría de brotar.

Y brotó. La primavera del espíritu lanzó las primeras flores haciendo que la piel habitada se caiga, dejándole paso a una nueva, renovada, renacida. En su esencia, el objetivo está escrito: crear la melodía, el engranaje perfecto de piezas musicales para lograr traspasar dimensiones y así conectar, en lo más profundo de sus adentros, otra vez con el hombre que le regaló la vida. Sin más, con su padre. Y a su encuentro va cada vez que desprende una nota que alcanza el aire para unirse luego a la estela de colores que alguna vez habrán leído, rodeada de velas que forman un santuario que transporta a los presentes y los enciende, allí en la ciudad del arte, allí hoy en Berlín.

“Mi padre fue quien hizo que yo tenga este sentimiento tan fuerte respecto a la música. Lucho por él cada día, para enviarle un mensaje fuera. La música se transforma en la experiencia más feliz cada vez. La música es compartir, es una historia verdadera alrededor de un fogón”, explaya. Y ella misma es el fuego; es la canción encendida con poesía encendida.

Sus cielos continúan cambiando de colores ahora, pero pintados por sus manos, creándolos a su gusto. Escenarios, charlas, jam sessions, todo a luz de llama, recordando el fueguito que debe seguir encendido dentro. Las horas pasan mágicamente mientras Jessica compone, produce o busca nuevas melodías que la conecten con el dionisio que todos llevamos dentro. Y cuando todas las notas encajan dulcemente, la canción se torna mágica y brillante y está lista para salir a mutar. “Solo intento rockearla. Cada vez. Y disfrutar. Creerlo. Nadie puede determinar quien eres”.

“Amo la música experimental, y amo a las personas que no juzgan, se mantienen abiertos y te hacen sentir a salvo y bienvenido”, dice y plantea: “El fin es mantenerse sano, de alma y cuerpo, con serias buenas ideas, cosas y gente alrededor. El fin es creer y confiar”.

Otra vez Berlín, otra vez inspirando imaginarios audaces que salen a volar. Jessica recibe la inspiración con las manos en los acordes preparadas para expresar. “Pienso que la vida y la creatividad es lo que en realidad nos mueve y si saltás ese escalón, luego por supuesto todo será vertiginoso, pero también te dará la imaginación y las alas necesarias para mantenerte espontáneo y especial”.

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Soundcloud: soundcloud.com/jessicanaulls/re-1

Web: jessicanaulls.wix.com/artist

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