Cuando pensamos en una escultura, solemos pensar en una creación estática, después de todo, precisamente eso son las esculturas, son representaciones visuales estáticas de un concepto o personaje. La escultura es rígida por la naturaleza de su construcción, sin embargo, un buen artista debe saber imprimir de soltura y versatilidad a su obra, sin que esta esté necesariamente en movimiento.

Johnson Tsang hace un excelente trabajo proporcionando un sentido de movilidad y fluidez a sus esculturas, que en ocasiones parecieran ser completamente dinámicas pero congeladas en un segundo del tiempo.  En sus obras destaca el uso de las formas líquidas, es decir, captura las formas que toman los líquidos en movimiento,  así como diversos utensilios de vajilla, aunque también explota el uso de los rostros humanos, sobretodo de infantes y  los dragones. Pareciera una elección muy aleatoria para la composición de la obra, pero en realidad las fusiona logrando una compenetración absoluta.  Y no solo eso, los tarros, platos o tazas que forman parte de sus esculturas también pueden ser funcionales, aunque tal vez un poco incómodas de utilizar.

La versatilidad de Johnson Tsang no se limita a sus sobresalientes ejecuciones en la cerámica. Sus obras van de poderosas ejecuciones inspiradas por temas sociales: bebés con armas de fuego o granadas que emulan carne y vísceras; a sutiles interpretaciones de rostros besándose, rosas con pétalos de rostros u hojas con facciones humanas.

Es de admirar la formar en que, pareciera que sin mucho esfuerzo, traslapa las figuras en cada de una de sus esculturas. Rostros que surgen de líquidos provenientes de conceptos sólidos, tanto transgrediendo su espacio como emergiendo de la desintegración de estos mismos conceptos sólidos en líquidos.  Un juego metafórico del estado de la materia en una creación que nunca deja de ser completamente estática.

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