Hace algunas semanas escuché varios comentarios de que existían tres tipos de personas, en cuanto a su respuesta al ver la más reciente cinta de Damien Chazelle, “La la Land”:

La primera, eran las personas que amaron y disfrutaron “La la Land”. Aquellas que opinan que debe ganar todos los premios existentes y que es una de las mejores películas que han visto. Esta categoría compone, hasta el momento, a la gran mayoría (Rotten Tomatoes la calificó con un 94%)

La segunda, son a quienes les gustó, la disfrutaron, pero nada más.

La tercera, es quien no le gustó para nada y no puede entender por qué tanto alboroto y/o nominaciones y premios.

Y es así, que después de mucho análisis, me considero dentro de la categoría 2.5, es decir, no me gustó y me gustó al mismo tiempo. Une relación amor odio. 

Antes de ver “La la Land” traté de no influenciarme con opiniones o comentarios externos. Me abstuve de hablar con quien ya la hubiera visto o leer cualquier tipo de opinión, quería ir lo más fresca posible.

Aunque sí me permití un acercamiento a su famosa y (a mi parecer) hermosa y dulce canción “City of stars”. He de decir que me hizo sentir profunda y peculiarmente y creí ése sería el “setting mood” de mi experiencia con la cinta.

city of stars

Sin embargo, la búsqueda de ese sentimiento me dejó algo insatisfecha en algunos aspectos, al menos en la primera lectura.

A pesar de dicha insatisfacción general, la obra de Chazelle tiene varios aciertos técnicos hermosamente realizados que son perceptibles desde el primer momento.

La cinemafotografía a cargo de Linus Sandgren, muestra un brillante discurso del uso del color que nos habla visualmente de las emociones y situación de los personajes.

Un rojo que enmarca la pasión y el amor, tanto por sus metas como su relación. Tonos en verde y azul que por su parte van de la mano con Sebastian (Ryan Gosling) y Mía (Emma Stone) y las vicisitudes del camino, la inseguridad y la soledad. Y el brillante amarillo que pareciera hacer presencia al hablar de Hollywood con su tentativa e ilusoria presencia.
Esta paleta de colores, peculiarmente primarios y brillantes, aparecen tanto en escenarios como en vestuario y pistas de las motivaciones e intenciones de los personajes.

Los escenarios por su parte son espectaculares y parecieran decorar visualmente, con atardeceres y paisajes casi mágicos, esta carta de amor a la  llamada “ciudad de los sueños” que es Los Angeles.

Además de los latentes elementos simbólicos con referencias claras a la época dorada de Hollywood. Como el cartel de Ingrid Bergman en el cuarto de Mia o la separación física que hay entre la industria del cine y los protagonistas mientras recorren los estudios colándose en la filmación de una película.

La música, parte fundamental de todo musical, no se queda atrás en efectividad. Como mencioné “City of Stars” me embelesó, aún sin un claro contexto argumentativo. Notas dulces, fugaces y a veces solitarias o nostálgicas. Dicha nostalgia que contrasta con piezas más enérgicas como “Another Day of Sun” o más románticas como “Planetarium”. Aunque he de confesar éstas no me resonaron tanto, e incluso a veces me daba la impresión de que no fluían orgánicamente con la historia pero eso no quita la composición fuera buena y que el proceso de realización fuera extenuante.

Las puestas en escena como la del planetario, la fiesta pomposa o el último gran musical también son elementos valiosos y visualmente hermosos de destacar. Aunque no necesariamente innovadores.

Aunque escenas como las fallidas audiciones de Mía, que retratan fríamente su propia aparente insignificancia y desechabilidad, de hecho construyen de forma efectiva la banalidad e invicibilidad que los aspirantes a artistas enfrentan.

La coreografía de Mandy Moore (OJO, no la cantante), también nos presenta unos números musicales que van desde lo dinámico hasta lo íntimo y romántico. Las coreografías, nada sencillas de montar, hacen alegoría a varios musicales como “Grease” (1978), “Les demoiselles de Rochefort” (1967), “West side Story” (1961) y “Singing in the Rain” (1952)  entre muchos otros.

De hecho una estudiante de montaje y amante del cine, Sara Preciado, hizo un video en Vimeo donde justo realiza un “side to side” de las referencias musicales en “La la Land” que encontré bastante puntual:

Y es aquí donde encontré mi primer problema. El director y guionista Damien Chazelle no ha ocultado nunca que su intención fuera otra que la de modernizar el género musical del viejo Hollywood.

Sin embargo, la línea entre guiño cinematográfico y la construcción de una cinta con demasiados fragmentos de otras pareciera ser muy delgada en “La la Land”.

Aspectos aislados de la cinta, son de hecho muy bien ejecutados. La dirección de Chazelle se ve intelectualizada y meticulosa y conjuga bien los factores que el quería combinaran para darnos una cinta linda de ver.

Pero, aquí es donde pensé en Aristóteles y su frase “El todo es más que la suma de sus partes” y para mi “La la Land” no necesariamente lo es.

Y creo lo que más me “quedó a deber” fue justo eso, la historia como un todo.

Para mi el guiño u homenaje, me pareció a veces únicamente eso. La construcción de un ensayo cargado de intertextualidad sobre las virtudes de los musicales existentes, con una historia muy similar que ya se ha visto anteriormente .

Es decir, ni la historia se me hizo tan nueva, ni la forma de contarla.

Sí, técnicamente podría ser verse mejor que los musicales viejos. Pero eso enaltece el avance técnico, no necesariamente el discursivo.

Desde el uso de Cinemascope, hasta largos planos secuencia con intricadas coreografías o la reconstrucción de números musicales con escenarios emblemáticos de L.A.  pareciera que Chazelle buscaba en esta cinta lucir y explicitar su habilidad como director. Probar que puede dirigir, pero en ocaciones sacrificando su capacidad de escribir, capacidad que en “Whiplash” (2014) quedó claro.

Y si bien su dirección tiene aciertos la mayoría de las veces, hay escenas que no necesariamente funcionan. Por ejemplo, hay tomas coreográficas que son filmadas en tomas abiertas, lo cual es buen recurso que en musicales anteriores se ha usado pero que en escenas como la de el baile de tap, donde el sonidos de los pasos dejan de escucharse, brinca y nos saca de contexto.

Pero la substancia, la historia, es lo que a mi parecer, tuvo menos peso.

Los personajes de Mia y Sebastian, son atractivos, pero no necesariamente frescos o con demasiada profundidad. También que la casi ausencia de más personajes que nos hablen un poco más y menos explícito no ayuda.

Muchas veces dentro de la historia, me era casi imposible no ver a los actores detrás de los personajes. Hay momentos demasiado Emma Stone, como cuando baila “I Ran”, muy al estilo  de”Anna” videoclip que estelariza Stone. Es más, a momentos me dio la impresión de que la construcción de la historia giró en torno a los personajes. Si bien cuando Stone y Gosling tomaron los protagonistas hubo modificaciones, éstos dos actores no fueron la primera opción, así que ése no es el caso.

En “Birdman” (2014) Stone nos dio una probadita de la gran capacidad actoral que tenía y estaba segura algún día la academia se lo reconocería. “La la Land” parece ser ése momento. Aún cuando, musicalmente hablando, tal vez alguien con un mayor rango vocal, hubiera perfilado mejor.

Pero analizando el personaje y omitiendo la parte musical, creo Stone fue una buen apuesta. ¿A quién más le creeríamos que fuera una aspirante a actriz luchando por destacar en el altamente superficial Hollywood?

No que crea Emma no sea atractiva, al contrario, pero su estereotipo de físico y personalidad, hacen creíble que una mujer como Stone, encuentre difícil abrirse las puertas del mundo de la apariencia.

Para ser justa con Ryan Gosling, creo no tuvo tantas oportunidades de brillar como Emma Stone. Su presencia se siente en el mismo tono (con referencia musical) en casi toda la película.

Aunado a su personje las varias críticas que se han dejado caer sobre el controversial discurso de un hombre blanco, queriendo ser un autentico purista del jazz en medio de un público y músicos de jazz negros. Los dos protagonistas blancos estelarizando la escena jazzera negra.

Para el final, que considero es el mejor momento de los dos y donde de hecho sí logré una conexión real, Gosling demuestra su verdadera capacidad de actuación. Con una intención actoral que habla más que la misma acción que desempeña.

Ese momento para mi, demuestra no sólo la capacidad de los actores de la película, sino que corrobora que Chazelle es capaz de retratar en íntimos close ups verdadera intensidad y emocionales conclusiones. Así justo como pasó con “Whiplash” (2014).

Y justo teniendo como referencia su electrizante y  bien escrita “Whiplash” fue que me sorprendí de encontrar cabos sueltos o no muy amarrados en “La la Land”. Cabos como ¿Cuál es la conexión real e importancia del personaje de Jhon Legend?

Se nos da una pista al inicio de su relación con Sebastian que ni se profundiza, ni nos lleva realmente a ningún lugar.

El hecho de que la historia se cuenta en temporadas (primavera, verano, otoño e invierno) y tal pareciera que ni una aspirante a actriz, ni un aspirante a músico con tiempo suficiente para avanzar en su relación se dieron el espacio de discutir “¿En dónde quedaríamos como pareja si alguno tiene éxito?”.

O algunas inconsistencias de personajes. Acciones e intenciones que parecen cambiar en función únicamente del desenlace.

Pero lo que realmete me dejó insatisfecha del guión, fue su prisa por resolver algunas situaciones y los huecos narrativos que eso deja. 

Podemos deducir son dos los puntos centrales de la historia. La relación entre los personajes y la búsqueda personal de su sueños.

Para la primera, podemos ver cómo se conocen y comienzan su relación. Pero luego avanzamos de temporada en temporada en dicha relación con dos montajes. Es decir, todo lo que sucede en medio son solo secuencias de imágenes de ellos siendo amorosos y paseando por Los Angeles; corte a: ellos comenzando a tener dificultades.

Y para la parte de sus metas, damos un salto en el tiempo de cinco años. Donde ella es una actriz, ya famosa al parecer, y él logró abrir su bar de jazz. Pero no vemos bien ni cómo ni cuánta más lucha conllevaron dichos escenarios.

Tal pareciera que la historia entre musicales, tuvo que acortarse para dejar espacio a la música y baile. Y fue aquí que recordé una frase, potente a mi parecer de la cinta, que me lleva a teorizar algo.

“Hollywood idolatra todo y valora nada”

Una frase que casi me reflejaba un poco la película y su aclamada recepción. Y pensé, ¿Chazelle estará dando un mensaje más cínico a la audiencia y a la academia?

Recapitulando los musicales, me di cuenta que todos son, ya sea desde la perspectiva de Mia o con Mia involucrada. Ryan Gosling participa, sí, y de hecho se supone compone “City of stars”, pero es cuando está en la cúspide de su relación con Mía y la canción habla más de ellos como soñadores, que ellos como pareja.

Todos y cada uno de los musicales son momentos clave del camino de Mia a su sueño e historia.

El principio donde está atorada en el tráfico en un mar de autos y personajes con las mismas ansias de triunfar en L.A.

Las apabullantes fiestas Hollywoodenses con sus personajes petulantes y mujeres hermosas.

La relación amorosa con un compañero artista, también frustrado y solitario.

Incluso la vemos audicionar varias veces al principio de la cinta, pero es ésa audición que parece al fin ponerla en el mapa, la que es representada en un musical.

Y el  complicado compilado de musicales al final de a película. Donde vemos a través de Mia la vida que hubiera tenido si todo lo que pasó, se hubiera resuelto como le hubiera gustado.

Todo es desde la perspectiva de ella.

Si pensamos en el contraste entre el primer montaje musical en el tráfico, positivo y esperanzador y el momento donde Mia y su ahora esposo quedan nuevamente atorados en el tráfico pero ahora ella se expresa negativamente de la ciudad y lo complementamos con la frase de “Hollywood idolatra todo y valora nada” pudiera parecer una broma o discurso interno por parte de Chazelle.
Un recuento idealizado y adornado de la lucha que conlleva brillar en Hollywood. Donde los momentos solitarios y de frustración son adornados y sintetizados. Justo como lo han hecho los musicales a lo largo de su historia.

Una crítica de que lo malo es menos malo con música y baile, al menos para el narcisista Hollywood que ama hablen de él de “buena forma”.

Demostrado en el batallón de premios que ha recibido la cinta que justamente habla del maravilloso y mágico Hollywood.

Es una hipótesis de intención, una crítica de parte del director, que no he podido corroborar más allá de mi lectura personal y mi búsqueda por darle más peso a un guión, que de primera instancia me dejó en la superficie.

Es mi opinión, mi lectura y mi experiencia. Para mi “La la Land” con una lectura superficial, sin complejizar su intención, me pareció menos que la suma de sus partes. Una cinta que parece replicar lo criticable de Hollywood, se ve hermosa pero ¿Qué tanto realmente nos dice?

Y a pesar de ser de la pequeña minoría que no se enamoró de la cinta. Sí parece haber resonado en muchas personas, y como buen arte, si nos hace sentir tanto a tantos, cumple gran parte de su objetivo.

Al final es la bendición y la maldición del arte, que es subjetivo y personal. A veces lo odias o lo amas o como en mi caso, un poco de los dos.

 

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