París, también conocida como “la ciudad del amor” o “la ciudad de la luz”, es una de las capitales culturales más importantes del mundo. Algunos de sus icónicos edificios incluyen la Torre Eiffel, diseñada por el ingeniero y arquitecto Gustave Eiffel; el Arco del Triunfo, diseñado por el arquitecto Jean Chalgrin o el Palacio de Versailles, construido como el centro político de Francia en 1600 y 1700. Además es hogar de uno de los museos más importantes del mundo, el Louvre que resguarda entre sus más preciadas joyas a La Mona Lisa de Leonardo DaVinci, la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo entre muchas otras. Hacer una lista de los sitios de mayor importancia artística de París sería casi imposible, sin embargo, entre toda la atención turística hay algunas maravillas que no reciben tanta atención como merecerían.

Opera Garnier

La Ópera de París u Ópera Garnier, llamada así en honor a su arquitecto, es uno de los edificios más importantes del lugar y que tal vez no recibe tanta propaganda ni visita turística.

Construida ente 1861 y 1975 por el arquitecto Charles Garnier, cuenta con una historia que fácilmente podría ser confundida con ficción, de hecho, fue inspiración para la obra más famosa de Gaston Leroux, El Fantasma de la Ópera, ya que basó algunas de sus secuencias en relatos reales del edificio. Aquellos pasajes bajo tierra en los que se escondía Erik el fantasma, en realidad son parte de la estructura de la Ópera: ya iniciada su construcción se percataron de que el subsuelo estaba lleno de agua por lo que para darle estabilidad al edificio, se construyó una presa que resultó en la creación de un lago subterráneo. Este lago se unió con las ya existentes catacumbas de París creando el reino subterráneo en el que vivía el personaje. Así mismo, hay un evento descrito en el libro en el que la Prima Donna Carlotta derriba el candelabro con su canto, si bien los verdaderos acontecimientos no se dieron así, la versión de Leroux es definitivamente la mas amable. En 1896, de acuerdo a lo descrito en los Anales del Teatro de la Música, el enorme candelabro de la sala de conciertos, el cuál pesaba 7 toneladas y estaba hecho de cobre y cristal que simulaba las joyas de la corona, se desplomó en un remolino de luz y polvo, cayendo sobre una persona que no sobrevivió al accidente.

Para 1870 la apertura de la Ópera se veía lejana pues fue el año en el que se desató la guerra Franco-Prusiana. Durante estos años, fue utilizada como almacén de armas y comida que suministraba al pueblo, siendo la estrategia de Prusia que París cayera dejándolos sin suministros. Inevitablemente París sucumbió a Prusia y como resultado Francia entregó a Alemania importantes territorios con cuentas mineras, con esto se instauró la Tercera República. Originalmente, la Ópera de Garnier representaba el opulento gobierno de Napoleón III, es decir, del Segundo Imperio y con la caída de este, la nueva ópera no tenía mucho sentido. Incluso al final de su construcción, fue un evento catastrófico lo que llevó a su apertura. Muy a pesar de lo que representaba la Ópera de Garnier, tuvo que apresurarse su finalización para 1876, ya que en 1873, la Ópera de La Rue Peletier se incendió, carbonizando por completo el edificio.

Charles Garnier

Si no resulta interesante el gran almanaque de historias que carga consigo, resultará interesante por su exquisito estilo arquitectónico, ya que es única, literalmente: La Ópera de París es estilo Napoleónico III, una mezcla de racionalismo y opulencia combinadas con la tecnología avanzada de la época.

Garnier supo utilizar las tendencias divergentes y hacerlas trabajar en armonía en un eclecticismo único que comprendía una composición de clasicismo, gótico y racionalismo. Garnier fue un verdadero genio arquitectónico y aunque nunca perteneció verdaderamente a los movimientos emergentes de su época, supo consagrar su estilo propio en cada uno de sus diseños, incorporando estilos que de otra manera se contradirían entre sí.

Él mismo diría en su libro Le Nouvel Opéra de París: “Dejo el éxito o el fracaso tan solo a la suerte.”

Opera Garnier

Actualmente el edificio alberga uno que otro espectáculo de ópera y ballet, y durante los horarios de visita se puede acceder a la mayor parte del edificio, incluyendo ocasionalmente al escenario principal. Los túneles subterráneos y salas de ensayo están cerradas al público y la entrada al recinto cuesta 10 euros, lo cual no resulta sorprendente considerando que en su inauguración en Enero 5 de 1875, el mismo Garnier tuvo que pagar su entrada al evento.

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