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“El límite del cuerpo no se halla en la desnudez, se encuentra en el vestido”.
Levon Baghramyan en su fotografía, nos permite evidenciar como la superficie desnuda de los cuerpos es todavía solamente la apariencia, la imagen; una máscara que oculta nuestra verdadera naturaleza. La desnudez total carece de significado y de esencia, ya que el cuerpo sólo existe revestido de signos.

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El vestido, por tanto, está directamente relacionado con nuestra identidad y la aceptación social. Los códigos que envuelven el cuerpo, lo transforman en pura imagen, y a la vez en forma. En palabras de Emanuel Eccocia el vestido hace de nuestra identidad, de nuestra naturaleza, una especie, una imagen, es decir, algo que no pertenece a uno más de cuanto puede pertenecer a cualquier otra persona.

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En medio de estos dos términos surge el concepto de erotismo, que hace las veces de velo, abre y mantiene el espacio intermedio entre vestimenta y desnudez; como una película transparente que vitrifica el cuerpo.

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Estar desnudo, por tanto, es un hecho utópico, ya que la desnudez siempre está diseñada: Las joyas, el perfume, los tatuajes, los músculos, el vello e incluso el bronceado, son invisibles a la desnudez total, pero están siempre presentes, puesto que envuelven el cuerpo como una segunda piel. Por tanto, el cuerpo que supone estar desnudo, no lo estará, ya que la desnudez total carece de significado, sentido, identidad y existencia.

Texto por: La chalarka

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