El reloj marca las doce, pero podría ser cualquier hora. Hay un montón de hojas blancas y lápices de colores dispuestos sobre la mesa. Aparecen dos manos delgadas, un mechón de pelo fucsia y dos ojos negros recién llenados de destellos de inspiración. Sobre la hoja recién sacada, un trazo se junta con otro, y luego con otro, y así va cobrando forma hasta convertirse en vida. Acabado de nacer, el personaje siente en la sangre la pulsión, y quiere salir. Su mirada penetra y sus gestos son tan reales como fantasiosos. Se abre el juego y los dibujos, que antes habían recibido su cuota de vida, son ahora re-dibujados y penetrados en una piel, que ansiosa lo recibe, para guardarlo en sí y volverlo inmortal.

Profundidad, perspectivas, volúmenes, luces y sombras, marcan el inicio de una nueva historia contada en una piel. No es solo un tatuaje, es una matriz de emociones, expresiones y composición que se ha decidido llevar por siempre. Y en ese camino de creación y vida, aparece la sensación envuelta de carácter, aparece Liú o tal vez es mejor ya invocar a Dragonaxul, el lado fuerte de una mujer simple decidida a ser arte, y sobre todas las cosas, a transmitirlo transparentemente. “Que alguien decida tener algo de por vida que sale de tus propias manos, de tu mente, es algo que me genera sensaciones de satisfacción extrema”, revela.  “El arte ocupa uno de los lugares más importantes en mí, ya que es mi pasión, mi vida, lo que me lleva a seguir adelante, a querer progresar día a día, como artista y persona”. Cada diseño cubre una historia para contar, recordar, o simplemente respetar, y éstos son los valores que decide subrayar al momento de defender el arte del tatuaje.

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Los trazos la encontraron de muy chica jugando en los verdes entrerrianos de Concepción del Uruguay (Argentina), y la acompañaron en un camino de inmensas transformaciones a nivel interno y social. “Creo que cuando uno de joven encara algún camino en el que se siente realmente cómodo es donde empieza a forjarse la personalidad, y al no tener restricciones es todo más continuo, porque no existen contradicciones de objetivos. La transformación termina siendo más llevadera”. Hoy tiene 30 primaveras, y un mágico arte corriendo en las venas, eternizándose en su estudio en la ciudad de La Plata. “El arte es parte de mí y de todo momento en mis días. Es el hecho de ir a todos lados con mi cuaderno y mis lápices -uno nunca sabe cuando llegará Inspiración-. Es un refugio para pensar, para proyectar, es mi herramienta de vida”. Aunque en un inicio se encontró con cuestionamientos y demases por ser una mujer tatuadora en un ambiente -en principio- masculino, la pasión la aferró y hoy es un fuerte referente del New School argentino, y parte de un estilo artístico único en constante movimiento.

Los diseños son creados desde un lugar de inspiración exclusivo que va de la mano del estudio real de cada elemento que constituye el dibujo. “Lo que mejor me hace sentir para poder conectarme es la libertad que me dan para crear, en donde puedo conectar mejor con mis ideas y la adorada imaginación con la que no podría hacer ninguna de mis creaciones”, cuenta. “Me gusta sentarme a pensar cada diseño e interpretar los conceptos de los clientes en lo más profundo, lo que este trabajo le significaría, lo que le lleva a sentir y pensar, para poder finalmente reflejar personalidades y sensaciones. Debe tener un tiempo y una dedicación particular”.

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Las máquinas están preparadas, los pigmentos listos, y la imaginación en el frente. Solo resta apretar el pedal y comenzar a darle eternidad a sus dibujos. No hay nada que sea indispensable, solo la tranquilidad y el respeto. “Las sesiones conllevan una relación especial entre cliente-artista y eso es lo que lo hace más importante aún. El disfrute debe ser mutuo, siempre. Creo que el tatuaje no es solo una imagen en la piel, sino también la representación de un momento. Todo queda en la memoria, y si no se disfruta, no tiene el mismo sentido. Por lo tanto busco en mis sesiones esas mismas sensaciones. Es como escuchar una canción que te gusta mucho, mirar el cuadro que elegiste para tener dentro de tu habitación, el tatuaje más expuesto a la vista, transmite, comunica, constantemente. Nos hace sentir un poco más la vida”.

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Los más grandes logros son aquellos que la han llevado por otros caminos, lugares y relaciones distintas. Pero lo que más la llena de felicidad es sentir el agradecimiento de los clientes al momento de ver lo que ha sido producido exclusivamente para ellos, donde el trabajo es valorado, premiado y hasta buscado. “También es muy gratificante el poder participar de eventos y compartir con colegas que admiré siempre, que te integren en su camino con palabras de aliento”. “¿Y sueños? Ya poder vivir de esto que amo es un sueño cumplido, poder ser feliz y hacer feliz a los míos con todo esto, creo que mucho más no puedo pedir”.

Y en ese vaivén de emociones, reconoce en ella la existencia de esas dos mujeres que la llevan adelante siempre, y que son el equilibrio tan buscado. “Liú es la parte conflictiva en cuanto a la proyección de objetivos y Dragonaxul la complementa dándole soluciones, creo que es su salvación. Se necesitan mutuamente. Liú es sentimiento, Dragonaxul es carácter”, explica. La niña que jugaba a hacer garabatos y darles vida hoy brota por los poros y es la esencia de su personalidad. Hoy es llamada artista y la llena de orgullo. Hoy es capaz de definir su camino de altibajos que no ceden al desgano ni a las dificultades, tomando cada situación como parte de un todo, de aprendizaje y sabiduría. “Tengo mis referentes artistas que han dado al mundo del tatuaje aportes enormes, y sería imposible no tenerlos como modelos e inspiración. He tenido mucha gente que me ha ayudado a crecer, y a quienes les estoy eternamente agradecida. Y dentro de los maestros que me han acompañado necesito ubicar a mi familia, que por lejos son los que más me han guiado en cada paso”, cierra.

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