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Parecía eterno aquel momento de sol. Un pequeño saltaba sobre el charco que reflejaba el cielo, el viento en los árboles, y la mesa testigo de todas las tardes de mates y charlas en la casa de su abuela. Cierra los ojos. Imagina. Vuelve. Y apenas la primera imagen aparece, como un imán atrae una catarata de colores, líneas, formas que desprenden mucho más que una pintura final; es el caleidoscopio por donde mira y sabe que aunque el tiempo pase, fruto de un reloj invisible, esos recuerdos siempre vivirán, llevándolo por un caudal de inspiración indemne, como caricias a los ojos, como estallidos de amor al corazón, como un refugio que lo protege de la incomprensión de ciertas diferencias culturales y sociales que existen en cada historia.

“El arte es directo, es una conexión sin escalas entre los ojos y el corazón, es el precursor que confluye en el torrente de los recuerdos y los trae de regreso al cuerpo, eso es lo que me hace elegirlo. Es la comodidad en la que me encuentro siendo en una frecuencia y vibrando a través de esa visión”, se expande Martín Lago, un artista visual de 31 años terrenales, pero muchos más en el alma. Su mensaje va más allá de problemáticas mundanas, mejor prefiere alcanzar profundidades primitivas que lleguen hondo dentro del subconsciente, a un espacio implícito donde el aire atrae los colores y los hace elevar. Así lo describe, así lo envía al infinito. “Hoy en día con la globalización el que no toma consciencia de las cuestiones que aquejan a la sociedad es porque no quiere (…) La gente, por lo general, recibe mi arte desde la figuración; ven caras, olas, ven formas. Me gusta decir que hago foco en la relación y el peso de los colores, como un equilibrista de momentos“. 

 Y allí están sus ojos, incansables de observar, entregándose a cada espacio que pueda expandir su visión. Así convierte su camino autodidacta en un divertido vuelo de imaginarios que se entrelazan en un cúmulo de colores e interpretaciones. El entrar en contacto con otros grandes artistas hizo que descubriera un nuevo mundo de comprensiones y posibilidades sin márgenes, y también que desplegase sus alas un nuevo planteo de espacio y de luz que estallan en cientos de nuevas miradas de cada movimiento artístico que alguna vez ingresó a su cerebro. “Tengo una disciplina incansable, pinto a diario. Me gusta leer mucho sobre manuscritos de artistas, leo sus vivencias, sus visiones. Esos genios que vieron mas allá de su existencia entregando su ser al observar incansable”, explica y agrega: “Mis referentes se convirtieron en esas miradas, como la interacción de las perspectivas cubistas, la vibración de los colores que encontraron los impresionistas en la luz o la libertad y la poesía onírica del surrealismo. Desde ahí llevo el arte en el día a día, rompiendo las limitaciones de cada movimiento para unirlas en una nueva expresión decantada de las artes visuales”.

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Ríe y mira la ventana que cómplice deja entrar algunos rayos de sol que dibujan su recuerdo de los charcos y árboles, y casi palpables esas imágenes cobran vida y le recuerdan su más preciado regalo: “La voluntad y el bienestar interno son la combinación transformadora que me regaló el arte; me enseñó sobre el valor de la vida y de los sentimientos, me enseñó la corporeidad de lo intangible. Desde ahí es de donde tomo la fuerza para alimentar el motor que busca crear un lugar mejor”. Suena funk, punk, cumbia o lo que sea, cualquier ritmo que le haga bailar el cuerpo y la mente. Resulta fácil elegir la banda sonora que acompañará su boom creativo, pero difícil para él describir la atmósfera que genera. “Creo que en el momento que pinto, el lugar se torna pacíficamente hipertímico. La experiencia de pintar en la calle y entrar en contacto con la gente, me hizo entrar en consciencia de ese estado que me hace llegar sin prejuicios a la otra persona, o es el estado que me gusta transmitir a la otra persona”, dice. La pintura es el punto de anclaje que lo lleva con facilidad a vaciarse de toda la cotidianidad diaria. Así logra disfrutar de los arrebatos de pasión y de las caricias que pulen las imperfecciones. “Nuestra enciclopedia emocional no esta escrita por la misma mano, cada persona es un mundo de entendimiento sobre su percibir sensorial (…) La magia de una obra radica en la fidelidad con la que proyectemos nuestro ser más impalpable”.

Cierra los ojos, y por el pecho se desprende el humo intuitivo, generador de formas y direcciones por donde nacerán las primeras líneas de un nuevo lienzo ya no más blanco. No hay trances místicos, no hay secretos, no hay amuletos ni conductas condicionantes; es simple como sentarse y comenzar a pintar intentando dejar la pintura en el estado de mayor libertad posible. La inspiración es atraída cuando cobra vida la matriz de los trazos, en su interacción, en sus ángulos, sombras implícitas, en sus arribas y abajos. O Magnético ya dio el primer paso, allí se despojó de sí mientras dejó que su mano corra por el blanco. “Luego llega la interpretación consciente, la contemplación de lo que dejó esa explosión, aquí llegan los espacios, el tiempo”, tiñe y respira.

 

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El arte en todos sus planos y planes lo ha alzado sobre un mar de ideas y proyectos donde su energía de generación y emprendimiento es lo alcalino de un cuerpo. “Colectivo Conectivo”, “Espacio Abierto”, “El Club de los Pajaritos”, son solo algunos de los espacios de cultura y colectivos multidisciplinarios de los que formó parte con el fin de enriquecer y compartir puntos de vista, experimentar el arte y homogeneizar grupos. Uno de los últimos escalones de su escalera se trata de “Proyecto Persiana”, un proyecto de embellecimiento urbano del que forma parte. Este conjunto de medio centenar de mentes y voluntades que conforma uno de los principales motores artísticos independientes tiene como principal objetivo recuperar ciertos sectores de la ciudad de Buenos Aires que parecen abandonados y por momentos peligrosos, para transformarlos en obras de arte callejeros. “Con respecto al mundo del arte, en la actualidad el conceptualismo ha reasignado las posiciones, estamos en una era donde la idea superó al talento, donde la pasión ha quedado reasignada a la descontextualización de lo cotidiano. Me gusta tomar este hecho como precursor para la aleación de mis visiones gráficas. Estos cambios no son otra cosa que la lenta ramificación de sus caminos que se extienden intentando llegar más cerca de la luz”.

“¿Quién es O Magnético? ¿Cómo es su relación con Martín, “el otro yo” creativo?”, le pregunté, y desde su más hondo lecho de recuerdos, me respondió: “Apareció una tarde en la que nos encontrábamos tomando unos mates con el señor Guri, le estaba comentando que venia con muchas imágenes rondando mi cabeza, sentía la necesidad de aglutinarlas, de ponerles un nombre. La conversación devino en un análisis del comportamiento de estas figuras. Habrá sido en una pausa, ya no recuerdo, pero de pronto las palabras que rodeaban la idea desaparecieron y quedaron solo las formas flotando en mi cabeza, en ese momento se presentó como el atractor catalizante bajo en nombre de ‘O Magnético'”. Según él, ese fue el momento en el que se convirtió en su mejor amigo, el guía de la idea, en el centro. Es el que justifica sus caprichos estéticos, es el dueño de una de las energías menos experimentadas por la pintura, es la atracción personificada. Es el que tiene el poder para unir los pensamientos que flotan en su subconsciente. “Mi relación con él es la más honesta, somos los mejores amigos”, cierra.

Próximas realizaciones:

“Por lo pronto pintar, para fin de año estoy preparando una exposición multimedia para representar todas estas ideas que forman mi glosario conceptual. Por otra parte continuaré llevando colores y energía de la buena para las intervenciones de embellecimiento urbanas de la mano de “Proyecto Persiana”. Y como no puede ser de otra forma, el verano me va a encontrar viajando y pintando, este año me voy a dar una vuelta por la costa uruguaya, visitando amigos y conociendo un poco mas de tan hermoso país”.

FOTOGRAFÍAS: Rochi Gallardo.

 

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