Marcos López, artista y fotógrafo argentino. Se ha posicionado como una de las figuras centrales del arte latinoamericano contemporáneo.

Su intento de estudiar ingeniería se vio eclipsado por la magia de la fotografía. Una de esas pocas personas que se dejan guiar por su alma artística. Aunque la clasificación de fotógrafo se queda corta. Es más un director de teatro con alma de pintor surrealista. Una beca del Fondo Nacional de la Arte le permitió instalarse en Buenos Aires y ser alumno de Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de Cuba, también  estudió con Pino Solanas y años más tarde, paralelo a su creación fotográfica, experimenta con documentales, como “Entre la selva y el río”
Pop Latino // Marcos Lopez

Pop Latino // Marcos López

El surrealismo criollo es la espina dorsal de sus fotografías, altamente influencia por el arte mejicano. Comenzó su obra con imágenes en blanco y negro, en la busca de la intemporalidad que ofrece esta técnica fotográfica. Fue en 1993 cuando dejó a un lado la magia del monocromo para dedicarse exclusivamente al color, con su trabajo Pop Latino. El autor afirma: “El color me da más. Me interesa mostrar la violencia en la desigualdad de América Latina de la mano de la alegría colorida”.
Para él, la fotografía es una excusa escénica. Aboga por poses forzadas y programadas, colores exagerados y saturados, elementos y personajes exuberantes. Con una dualidad entre la fotografía colectiva y la individual. Imágenes caóticas con más de 20 protagonistas o retratos extravagantes.

“La fotografía es una excusa para transformar en poesía la recada de un tequila de segunda marca. Por eso me gustan los mariachis. Se les paga, cuando llegan cantan poco y se retiran sin saludar. Uno los contrata para que muestren que la alegría es posible. Por lo menos quince minutos”.
Subrealismo criollo / Marcos Lopez

Sub-realismo criollo / Marcos López

La fotografía de Marcos López son la radiografía de una época. No busca registrar un instante inconexo en el tiempo sino que recrea las ironías del mundo en el que vivimos. Un marcado mensaje visual que disecciona los diferentes elementos de la imagen, creando una sensación de ambigüedad que embelesa al espectador.
Dueño de una iconografía propia que alía los estereotipos y la diversidad, espectáculo y tragedia. En sus palabras, “la textura del subdesarrollo”, protagonizado por el alter ego de antiheroes cotidianos, traducidos en desconcierto, escepticismo y la sensación de descontextualixación que marca sus vidas.
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