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En un lugar donde no existe el tiempo, un pequeño camina lento por la orilla de un mar casi verde. Las olas lo empapan un poco mas cada vez. Tiene el pantalón arremangado y una sonrisa inmortal. La bruma le llega a los párpados, que llenos de sentido, se cierran suavemente, disfrutando del viento y la luz. Ilumina el sol de la mañana, pero podría ser cualquier momento del día, total las horas no existen, sólo importa el instante, las sensaciones y la música que regala el universo.

Nace del vientre un sonido nuevo cada vez. Cruza el mar y se envuelve hacia arriba formando un torbellino que se desplaza solemne por las mentes que han sabido percibirlo. Un alma repleta de creatividad, viajera, sensible, sencilla. Un alma que tiene algo que decir. Un alma que acaricia, que nutre y clama. Su nombre es Mário Eduardo Nobre, y ha venido a llenar de siembras esta gran maravilla, que es el mundo en estado natural.

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Nació hace poco más de tres décadas, cuando sonaban las campanas en alguna catedral de Lisboa, Portugal. Rodeado del arte que encarna la ciudad, y también su familia, supo crecer absorbiendo por los poros la magia. Imaginaba escenas de cine, bailaba con la música que regalaba la calle, brincaba como un arlequín sobre los adoquines de una ciudad de colores. Por allí entraba el arte a su sangre, para nunca más irse. “Todas esas influencias despertaron en mí esa sensibilidad de creación, siendo ese poder, el poder de recrear lo que veía a mi alrededor, lo que me dio la fuerza y la motivación para comunicar a través de las artes”, comienza a desprender.

Entrando por los pies la vibración del grounge recién explotado en los parlantes de los ’90, el pequeño que acompañaba a su hermano a los bares clandestinos lisboetos, entendió qué era aquello que pasaba por su sienes: “En ese momento tomé la decisión que sería la música mi medio de comunicación artística. Tomé la guitarra de mi hermano y casi de inmediato comencé a componer y a escribir. Era algo natural en mí, como si alguien estuviese cantando en mi cabeza. La única cosa que tenía que hacer era escuchar y registrar. Toda duda era poesía e inspiración”, explica y agrega: “Quería que otros, como yo, pudiesen experimentar la sensación de la conexión humana con el universo a su alrededor”.

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Dejar todo confort que alguna vez se supo tener. Renunciar a la tranquilidad y la calma. Desactivar la rutina. Hay un nuevo destello que iluminó las ideas. Un nuevo sol que salir. Para este alma en llamas, la música lo es todo. Respira, se alimenta y sueña con música. Todo lo que vive es materia prima para usar en la creación. Y en ese vaivén de emociones, la novedad golpeó la puerta: “Primero pasé a destruir toda estructura que me constituía, dejé mi trabajo, mi casa y el auto y junté lo esencial para viajar”. Sin conocer nada ni nadie, terminó por cruzar el océano hasta las aguas de Florianopolis, Brasil, con 100 reales en el bolsillo. “Siempre me expuse a situaciones locas para poder experimentar y luego escribir. Dormir en la ruta, convivir con otras vidas y realidades distintas a las mías, etc. Mi vida se transformó en un tubo de ensayo donde experimentaba de todo para ver qué pasaba, a qué punto extremo conseguía ir”, revela y detalla también el sabotaje a sí mismo que muchas veces atravesaba, para al fin ser puro sentimiento, sentido e impulso, sin lógica, emoción cruda y desnuda.

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“La inconstancia constante que torna todo tan verdadero es la que siento filtrada en mi voz, una verdad presente en todos nosotros. Dudas, miedos, sueños y deseos”.

En esa inestabilidad descendió a su mente toda la información que necesitaba. En esa pérdida interior, sin destino ni identidad acaba por fluir su música tras música. “Como una radio que capta las frecuencias del aire”. Así, en una pequeña cocina alquilada, encerrado día y noche en cuatro paredes, comenzó a reconstruir su historia con golpes de percusión y sonidos compuestos. “Para mí es muy importante la conexión con las partes. Tiene que existir un concepto o una justificación para que un cierto elemento este presente en un registro”, suelta y afirma: “No quiero que mi arte sea banal, quiero que demore, para que quien la escuche tenga una percepción real de todo lo que compone esa obra”. Así nace “Mandala”, su primer obra que expone orgulloso y lleno de júbilo, su gran conexión espiritual, su inconsciente y el registro de toda su vida resumida en aquel momento, en notas musicales y palabras ambiguas.

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Y la inspiración seguirá llegando mientras haya libertad en su ser. Para él, la realidad y la consciencia son factores negativos en lo que se refiere a componer. “La estabilidad me mata la inspiración”, se expande y continúa volando. “Una música nunca está terminada, es como un ser de luz que reencarna varias vidas, varias formas”.

Y la magia siempre tan única presencia las artes y las eleva. “La música es mágica cuando es honesta en su esencia y entidad; cuando no tiene pretensión de ser, ni agenda. Apenas es, y es esa pureza natural, ese poder de comunicación, lo que la torna mágica y verdadera”.

Con este concepto, dio origen y vida a un proyecto de arte universal llamado MASU, con el fin de crear una conexión con el mundo y con otros artistas, y su lugar y espacio es, sin más, la calle.

“El arte es siempre el próximo paso. A través de él abrimos horizontes y redefinimos metas. El arte es inspiración. Nos eleva como seres y nos hace preguntar. A través del arte podemos cambiar consciencias y derrumbar falsos gobiernos, al mismo tiempo que iluminamos nuevos caminos y proyectamos nuestras identidades”, nutre y cierra este espíritu de arte libre, con un millón de anécdotas mas que contar.

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Más de MASU:
M.A.S.U (Movimiento Artístico Solidario Universal) es una banda/productora independiente, fundada en 2012 por Mário Nobre. Fue creada con el propósito de dejar la huella de que es posible, en los días que corren, hacer arte sin depender de dinero de terceros, apenas con el autor de la obra, bastando con la voluntad de hacer arte. La prueba de esto fue el logro de grabar el primer disco del fundador, “Mandala Acústico”, dentro de una cocina con sonidos totalmente caseros.

Fotografías por: Diogo G. Andrade; Guilherme Meneghelli; Lucas Romero.

 

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