La aclamada banda de rock británico vuelve con su esperado álbum, Drones, el cual parece continuar con la temática política clásica de Matt Bellamy y compañía. Con un enfoque mucho más claro que el de The 2nd Law de 2012 en el cual decidieron incluir un poco de dubstep que resultó incomprensible para muchos de sus fans, Drones vuelve a las raíces de Muse, incluso con un sonido más pesado que con el que los habíamos escuchado. 

Después de haber sido el foco de atención del mundo de la música durante los Juegos Olímpicos con la canción Survival (la cual parecía bastante adecuada para la ocasión), The 2nd Law no pareció ser recibido como se esperaba. La música popular, o más bien la electrónica forzada, parecía no tener lugar en el álbum de una banda que de otra forma hubiera sorprendido con su característica hambre por experimentar, lo que es en realidad lo que los ha vuelto pioneros en el mundo del rock. 

Sin embargo, Drones tampoco parece estar enfocado en experimentar y encontrar nuevas formas, si no que en ocasiones parece estar reciclado o revisited, y este es, tal vez, lo único que impediría que se le pudiera llamar una redención completa a la nueva producción. Pero esto era de esperarse ya que Bellamy ya había mencionado que eso era justo lo que querían……en fin. Desde The Resistance (2009), es evidente que Bellamy dejó de sentir su paranoia característica solamente en su cabeza y comenzó a plasmarla en sus letras. A pesar de que estas han sido criticadas porque, seamos honestos, no son las mejores, lograban transmitir el mensaje eficazmente. The 2nd Law también tuvo un enfoque político y Drones no es la excepción, la única diferencia del último es que la banda decidió darle más historia: desde la primera canción que abre apropiadamente el álbum conocemos al protagonista de este: una mujer lastimada por la guerra y después convertida en un….drone? Dejando de lado la historia que funciona bien con el tema que pretendían y que tratándose de Muse no es algo que fastidie si no que le da un significado más importante que a las letras, muchas veces tontas, que estamos acostumbrados a escuchar en la radio, Muse nos recuerda por qué, si en realidad hubiera una escuela de rock, estarían en el temario. 

A pesar de que a veces lo nuevo se puede confundir con lo viejo, creo que es un buen ejemplo de lo que pueden hacer, tal vez no lo mejor…..pero un buen regreso. A pesar de que el riff de Psycho, que te entra en el cerebro y parece no salir, suena familiar (ejem, ejem, Uprising?), Bellamy nos presume su habilidad de construir riffs increíblemente veloces, pegajosos, espaciales, revolucionarios, increíbles. Casi puedes imaginarte marchando para rebelarte contra el gobierno, y es tal vez la canción con más fuerza del álbum, habría que escucharla en vivo. Muse continúa experimentando con la estructura de sus canciones desafiando la clásica de: verso, coro, verso, coro, bridge, coro. Esto es algo diferente y hasta cierto punto, refrescante. El bajo de Wolstenholme es para llorar, y no lo digo de forma negativa. Es increíble lo presente que se siente un instrumento que generalmente se pasaría desapercibido por oídos no tan sensibilizados, pero este bajo le añade no sólo el ritmo, sino que mantiene todo donde debe estar, a veces incluso robándole el protagonismo a la feroz guitarra de Bellamy. Es claro cómo ha crecido el bajista de Muse, a quien desde Hysteria hemos tenido en un lugar muy especial de nuestro corazón. La batería de Howard es lo que siempre nos ha tenido emocionados semanas antes de cualquier concierto de la banda, y este álbum no es la excepción, Dominic hizo lo suyo y lo hizo bien. Bellamy, como siempre, sorprende con su voz y algunos de los mejores falsetes que le hemos escuchado, tal vez ya sería tiempo de dedicarle más tiempo a lo que canta y no cómo lo canta, pero eso ya es otra historia…

Drones  mantiene el ritmo y el mood durante las canciones, en realidad sí se puede percibir que hay una historia detrás de los acordes de los británicos, pero no es excelente, es satisfactorio. Al final, una diferente Aftermath a lo que estamos acostumbrados con ellos comienza a llevarnos hacia el fin del disco. Si Drones es la nueva revolución de Muse, Aftermath es un reflejo exacto de su título: el momento en el que observas lo que ha quedado después de una explosión de emociones y del soundtrack de la tercera guerra mundial y cómo la imaginan los británicos. Aftermath es un cierre más tranquilo al que se podría esperar de un álbum que derrocha la energía de sus autores para movernos a Drones, la cual culmina todo el mayhem con las famosas harmonías de Bellamy, las cuales se agradecen y ya hacían falta: parece que se paró enfrente de 3 clones suyos y los dirigió cual orquesta para lograr una canción muy interesante vocalmente. A pesar de que las canciones tienen la clásica duración de 4-6 minutos de Muse, al escucharlo parece no ser tan obvio debido a que todo tiene coherencia.

 

Es difícil superar un álbum como The Resistance después de lo aclamado que fue. Drones puede ser el álbum en el que Muse reconoce que se equivocaron con el penúltimo y que están dispuestos a dar más de lo que ya extrañábamos, no hace falta buscar más fans de dubstep que pudieran pagar la entrada de uno de sus conciertos, creo que son famosos por algo y no es casualidad lo admirados que son.  Casi puedes imaginar a Wolstenholme, Howard y Bellamy jugando con acordes en una hoja, pero esto claramente no es un juego, Muse puede no sorprender pero siempre ha sabido cómo hacer rock y Drones nos los recuerda. 

Streaming: Spotify

Muse va a presentarse el 17, 18 y 20 de noviembre en el Palacio de los Deportes: Ticketmaster.

 

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