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Una fascinación. Un encantamiento. La fijación por aquello que percibían sus ojos y sus entrañas al observar lentamente alrededor. Cabezas de animales de colores brillantes, planetas, cielos tramados, desafío a la gravedad. Era difícil convivir con aquello pero de cualquier manera, era sobre todo, alucinante. Su mente disparaba imágenes como flashes en un concierto, y en casa de más había lápices para usarlos como arma. Alto.

Un papel en blanco. Un blanco amarillento. Se enciende un pequeño punto negro, que se desliza rasposo hasta crear una línea, que sin dudar continua su curso. Tiene movimiento, está tramando algo. Sube en curvas, se detiene y vuelve a comenzar. Regresa atrás y se reinventa una y otra vez. A veces suavemente, otras rompiendo el papel. En un momento, trazo final. Fin del juego.

Pedro Mancini. Un niño no muy habitué de los parques. Alguien que desde un plano físico estaba ahí, pero a sus lados podía ver e imaginar toda una dimensión paralela, de líneas precisas y expresiones fugaces. Pronto comenzó a salir acompañado de su cuaderno, entonces todo podría convertirse en escenario perfecto. Sabía seleccionar las mejores escenas para luego darles vida. Sabía que podía volver siempre allí, a ilustrar el momento en un espacio de papel.

“Me di cuenta que la mejor manera que tenía para expresarme era a través del dibujo. Sobre todo en la adolescencia. Una época en la que sufría bastante el hecho de ser tímido, y encontraba difícil comunicarme con el mundo. Podía decir cosas con mis comics que de otra forma no podía hacerlo”, explica  hoy, que ya ha aprendido a saltar de dimensión en dimensión, como a través de un espejo, aunque siempre lleve su cuaderno consigo como un paraguas, por si llueven las ideas y necesite reproducir las sesiones que aparecen en su mente, haciendo deslizar el grafito, no siempre con trazos finales. Lo que sí, hoy asegura disfrutar y divertirse en su camino: dibujante, ilustrador, historietista, y un gran apasionado del comic.  “Un poco vivo en un mundo paralelo, ese mundito de ideas y ficción. En cualquier momento puede aparecer una idea para trabajar , en cualquier forma, como un dibujito, un personaje, un diálogo”.

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Ocupa casi todo en su vida. El hecho de ser dibujante es todo un tema, según plantea. “Los límites entre lo que es trabajo, diversión o necesidad de expresarme es bastante difuso. Es difícil, pero un lindo aprendizaje”, dice, mientras en paralelo imagina una cabeza en forma de cono, o un conejo en un planeta lejano. El proceso de inspiración y creación le provoca tal fascinación, que cada día vuelve a la hoja en blanco para empezar a estallar otra idea. “Es una de las partes que más disfruto. Cuando aparece algo, si me gusta y me divierte continuarlo, es lo mejor”, desprende.

Suena música instrumental, la radio o alguna de las bandas de su lista musical, como “The Residents”, Miles Davis, “Sun Ra”, o “John Zorn”. Son las siete. El día está calmo como cuando dibujaba en la mesita del living de su casa, lejos de los parques, cerca de los colores. El mate está listo, y su arte también. Un trazo tras otro y el clima del cómic que se avecina va adquiriendo forma. Hay dinamismos y estéticas que confrontar. “En un comic que va por el lado de la acción o la aventura, elijo un estilo simple, despojado de detalles, pera que la lectura sea más ágil. En cambio si estoy trabajando sobre algo que necesita generar cierto clima o misterio, seguro elijo algo con mucha trama y mucho trabajo sobre cada dibujo”, se expone Hordak, que desde la hoja derramando vida revela seguir siendo “bastante freak”, y un tanto “desgastado” por todo aquello que no sea dibujar.

Por lo pronto seguirá comenzando por un punto y terminando por un nuevo dibujo, y cientos, tranquilo en su casa, en una galaxia paralela allá por la provincia de Buenos Aires. También le sacará provecho a su extensa cosecha, ya que el aburrimiento le pisa los talones al trabajar en una sola cosa. Se vienen nuevas publicaciones de libros, ilustraciones, y webcomics. Se vienen frutos de nueva estación. Y allí continúa desprendiendo magia un niño en cuerpo de hombre, absorbiendo historias, dándole vida al imaginario. Pedro Mancini. Alien Triste. Un libro abierto de cuentos que contar.

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