Al principio celebraron que el cuento era un género contundente por su velocidad y ligereza, capaz de ofrecer literatura en un parpadeo. En estos días no es más que relleno. El cuento se muere, las grandes editoriales prefieren las novelas, los narradores más rentables hacen novela, los lectores mayoritarios leemos novela. ¿Qué pasó con este género, por qué se dejó invertir creatividad?

Pétalos y otras historias incómodas de Guadalupe Nettel (México, 1973). Seis son los relatos que contiene la colección y no puede negarse que tienen en común irradiar sobre el lector inquietud e incomodidad, provocar.  los personajes de este libro muestran todo aquello que el ser humano desearía ocultar. Cada uno de los relatos pone de manifiesto una locura inquietante y distinta, la excentricidad inconfesable en que se cifra toda una existencia.
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“Ptosis”, el primer cuento del libro, es la historia de un amor que fracasa por la ambición de perfección, de belleza estereotipada. Un “fotógrafo médico especializado en oftalmología” se enamora de una de las pacientes del doctor Ruellan, cirujano de párpados. Es precisamente la ptosis de la joven la que cautiva al personaje e intenta que ella desista de corregir “esos tres milímetros suplementarios de párpado, esos tres milímetros de voluptuosidad desquiciante”. En contra de los estándares de belleza impuestos por la sociedad -televisión, revistas, moda, etc.-, pugna por asumirnos y potenciar nuestras características individuales, ya que es ahí donde radica nuestra verdadera belleza.

“Transpersiana”, interesante interpretación de los movimientos de las vidas ajenas, donde el erotismo va ganando espacio, y con el misterio final acerca de quién es en realidad el observador y quién el observado y qué sabían previamente el uno del otro.

“Bonsái” En este cuento la asociación de las personalidades con diferentes tipos de plantas y la acertada metáfora de los problemas de pareja ocasionados por la incompatibilidad de un helecho con un cactus resulta en una historia abrumante y desconsoladora. Está ambientada en el barrio de Aoyama de Tokio, Japón en homenaje a Haruki Murakami por quien la autora siente predilección y de quien ha tomado diversos elementos, sobre todo para la construcción de personajes y en el uso de la ironía para decir verdades realmente incómodas.

“Pétalos” la anécdota más enigmática y, de inicio, más perturbadora. Un intruso recorre las calles de París con el único fin de oler los baños de las mujeres.  Las descripciones más procaces junto a las más sutiles. Maneja la historia a través de una tensión perfecta entre atracción y repulsión. Lleva la angustia del personaje -y del lector- al límite.

“El otro lado del muelle”, una chica adolescente en una isla de pescadores acompañada de sus entonces jóvenes, entusiastas y hippies tíos, empeñados en retechar el viejo caserón que compraron: la narradora desea escapar temporalmente de las peleas de sus padres, de una “sórdida secundaria de la ciudad de México” y de sus complejos físicos, con una vaga idea de lo que será el paraíso.

“Bezoar” es la bitácora de los días de una modelo en una clínica de desintoxicación, el análisis de las compulsiones y adicciones, de los hábitos que destrozan. Su manía de arrancarse el cabello es inquietante, su novio tiene otra manía, sus nudillos producen chasquidos. La historia pierde fuerza por su estructura fragmentaria. En sí la anécdota es buena y los protagonistas son interesantes y conmovedores, turbados, locos.

Nettel nació con un problema en la vista y por un tiempo pensó que podía perderla. La ptosis de su ojo derecho, además de definir su rostro y sus gestos, sin duda determinó también su forma de ver el mundo. Algo es cierto: su mirada no puede ser la misma que la del resto de nosotros y quizá esa vista privilegiada es la que le permite situarse en la frontera desde donde crea a sus personajes marginales, pero con el único fin de mostrarnos que todos llevamos un ser obscuro, agazapado tras la máscara que portamos a diario.

Este libro defiende la idea de que la verdadera belleza se encuentra precisamente en todo aquello que incomoda a la vista.

Galardonado con los premios Gilberto Owen, Antonin Artaud y Ann Seghers.

Guadalupe Nettel. Pétalos y otras historias incómodas. México: Anagrama-Colofón-DIFOCUR Sinaloa, 2008. (Narrativas hispánicas, 428).

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