La decimosexta edición del Festival Primavera Sound empezó con la actuación, un día antes del inicio oficial del festival, de un cabeza de cartel del Coachella en una sala con capacidad para 1.000 personas. Concretamente a cargo de LCD Soundsystem, en el que fue su primer concierto en Europa tras su “retirada” de hace cinco años y el primer concierto en el festival tras más de una década. Aquí podría acabar la crónica, porque resume perfectamente el abrumador poderío que atesora el festival actualmente.
Con el cartel de aforo completo colgado y un público procedente de 124 países, el icónico recinto recibió 55.000 visitas en cada uno de sus tres días de programación principal más las 21.000 de la jornada de apertura del miércoles. Se estima que la cifra final se incrementó hasta los 200.000 espectadores gracias a la entusiasta respuesta que recibieron el resto de actividades gratuitas distribuidas a lo largo de toda esta semana en diferentes espacios de Barcelona. 
También ha sido la edición más exitosa de PrimaveraPro. El CCCB y parte del MACBA han acogido a los más de 3.500 acreditados (un 30% más que el año pasado) llegados de todo el mundo para participar en las cerca de 200 actividades.
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En la ya clásica jornada inaugural gratuita del miércoles, un público repleto de familias pudieron disfrutar desde las 17:00 de grupos nacionales como Doble Pletina, El Último Vecino o Sr. Chinarro. El sevillano Antonio Luque es ya una leyenda del pop nacional y a lomos de su inseparable Telecaster nos presentó “El Progreso”, el primer disco que publica tras fichar por El Segell, sello discográfico del festival. Curiosamente, su decimosexto disco de estudio, que presentó en la decimosexta edición del festival. Chinarro nunca falla, aunque siempre he pensado que lo tiene muy complicado para que la gente salga de sus conciertos satisfecha con el setlist, al tener más de 150 canciones para escoger. Aunque mientras siga tocando el hit (habrá que hacer el amor…!) no tendrá problemas graves.

Otro que no falla jamás es Brett Anderson, que en los últimos años se está prodigando mucho por nuestro país. En esta ocasión presentó ‘ Night Thoughts’, su décimo disco de estudio. Además, repitió al día siguiente en el Auditori, el mejor escenario que puede tener un festival.
Pero la gran sorpresa del día la protagonizaron los suecos Goat. Un grupo difícil de catalogar (psicodelia, fusión, experimental, afrobeat, músicas del mundo, ritmos tribales…) que nos encandiló con su música, su estética y su puesta en escena. Completísimos.

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Pero la guinda la pusimos con Empress Of, que tras arrasar en el pasado Primavera Club se ganó más que nadie (junto a Algiers) la oportunidad de tocar en este Primavera Sound. Su show en la sala Barts fue un auténtico recital, Lorely Rodriguez posee una voz prodigiosa y un dinamismo que le permite llevar los conciertos al terreno que prefiera. Accesible, pero no simple. Directa a nuestro top de esta edición, algo que ni se nos pasaba por la cabeza.
Que alguien le mande el vídeo de su actuación a Grimes, por favor.

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Empezamos nuestra andadura en el Parc del Fórum con la jovencísima y talentosa Julien Baker. Apadrinada por Sharon Van Etten, la de Memphis, sola con su guitarra eléctrica y con el setlist apuntado con rotulador en el dorso de su mano, se movió como pez en el agua entre la fragilidad y la furia. Sin mostrar ni un ápice de la inseguridad que se le presumía, por razones evidentes. Un estreno en el escenario Adidas Originals (ex-Vice) del que se hablará dentro de unos años.

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Como en el caso de Daughter, que debutaron en ese mismo escenario hace apenas tres años. En esta ocasión le tocó actuar en el escenario principal, por méritos propios, frente a cerca de 20.000 personas. Han cambiado muchas cosas entre ambas actuaciones. Daughter han dado un pequeño gran paso adelante con la publicación de su segundo disco, este mismo año. ‘Not to Disappear’ es un disco extraordinario, una auténtica obra maestra. Canciones como ‘How’, ‘Doing the Right Thing’ o ‘New Ways’ conservan las desgarradoras letras de su álbum debut, pero instrumentalmente han mutado en algo mucho más poderoso. Ahora explotan, pero sin llegar al límite.
Elena Tonra, mostró una timidez y humildad tras cada canción que casi hizo que me estallara el corazón. Si esto es impostado me retiro del mundo de la música para siempre.

Es el tercer show de Daughter en Barcelona (PS13, Apolo 2013 y PS16), pero aún no hemos visto su mejor concierto. Ahora sí tiene el repertorio para dar el concierto del año, así que lanzo un deseo: Daughter en la sala Apolo/Barts antes de que acabe el año, por favor.

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Explosions in the Sky tomaron el relevo del rock instrumental de manos de Mogwai, que ofrecieron un gran concierto en la edición del 2014. Cinco años después de su última visita (Casino de l’Aliança), los de Austin, además de sonar impecables, escogieron un repertorio difícilmente mejorable. Suele ser dramático que en conciertos protagonizados por grupos con canciones de larga duración no elijan bien el repertorio, porque en el tiempo que tienen para tocar en festival a duras penas pueden interpretar más de 5 canciones. En esta ocasión no fallaron (sí lo hicieron en giras anteriores), y nos deleitaron con una colección de hits imprescindibles. Ya habrá tiempo, en sala, de arriesgar. Esperemos.
Clear eyes, full hearts, can’t lose.

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Otros que, como Daughter, han cambiado mucho en estos tres años son los australianos Tame Impala. Su último disco, Currents, ha supuesto un pequeño volantazo a su carrera. Se muestran más pop, electrónicos y bailables, pero sin perder la esencia rock-psicodelica. El resultado es que a ese magnífico repertorio que ya formaban las canciones del ‘Innerspeaker’ y ‘Lonerism’ le añaden canciones nuevas como ‘Let It Happen’, ‘The Moment’ o ‘ The Less I Know the Better’. Y  todo de noche, a diferencia de hace tres años, permitiéndonos disfrutar así de sus proyecciones y de un mejorado espectáculo lumínico (el anterior era tercermundista). Las condiciones eran inmejorables, pero algunos problemas de sonido y un extraño parón de más de 10 minutos ensuciaron el que podría haber sido el show del festival. Pese a todo, fue excelente.

Tras activar los cañones de confetti en ‘Let It Happen’, colaborar con Ronson, aparecer en anuncios (algo que rechazaban hasta hace poco) y ser versionados por Rihanna, ¿cómo será su próximo concierto en el Primavera Sound dentro de 3 o 4 años? Nadie lo sabe. Algo está cambiando en Kevin Parker, él lo sabe (‘Yes I’m Changing’), pero tranquilos, porque es el elegido.

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Hay que decirlo alto y claro: LCD Soundsystem no merecían tocar en el Primavera Sound y mucho menos en condición de cabezas de cartel, algo que nunca habían sido hasta retirarse. Han jugado sucio. Mientras ellos disfrutaban de sus cinco años de falsa retirada, grupos como Beach House han publicado tres discos brillantes sin apenas dejar de girar por todo el mundo. Sin embargo, unos se mantienen en el mismo sitio mientras los otros pasan por encima.
Pero es innegable que musicalmente les ha sentado bien. El grupo está más fresco, llena más, y el show es mucho más grande en todos los sentidos. Muy por encima de su último show en la ciudad (2011 en la sala Razzmatazz).
La sensación es que el público se lo pasó más en grande que en cualquier otro concierto. No se han merecido serlo, pero el show sí que ha sido digno de un cabeza de cartel.

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La jornada la cerramos con Thee Oh Sees y Neon Indian. Los australianos clavaron su potente actuación de 2014 mientras que al mexicano Alan Palomo se le vio mucho más suelto que en su visita de 2012. Premio indiscutible a los mejores bailes de la edición.

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El viernes lo empezamos con una de las decepciones del festival: Alex G. En el estudio (o en su habitación) nos maravilló, sin necesidad de grandes recursos, con unas canciones cálidas y seductoras, capaces de hacerte volar. Lejos de ser fiel a esta propuesta, su directo es incomprensiblemente crudo y ruidoso. Como si de un mecanismo de defensa se tratara, Alex evidencia una incapacidad de abrir su corazón en público hasta el punto de que algunas canciones llegaron a sonar irreconocibles.
Según se comenta, la propuesta triunfadora fue la de Moses Sumney, que tocó a la misma hora a escasos 30 metros de distancia. Acertar con las decisiones es una de las claves del Primavera Sound.

Decepcionados por la sorprendente decisión de Savages de no permitir fotos en su concierto (¿por qué?), tuvimos que improvisar un plan B, que consistió en pasar de puntillas por los conciertos de Steve Gunn, guitarrista de The Violators (Kurt Vile) que ofrecieron un recital de técnica y NAO, una de las voces más prometedoras del R&B que, para mi gusto, no llegó al nivel que ofrecieron en otras ediciones Kelela, FKA Twigs o Solange. No hubo tiempo para mucho más, ya que tuvimos que dirigirnos al escenario principal a esperar a los grandes protagonistas del festival: Radiohead.

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Los de Thom Yorke han revolucionado esta edición del festival. Es evidente que es uno de los grupos más influyentes de la historia de la música y que levantan pasiones en personas de diversas generaciones, pero no deja de ser sorprendente la manera en la que sus fans han provocado este sobradísimo sold out. Digo sobradísimo porque se agotaron las entradas desde meses antes y vimos a gente congregarse en las puertas del recinto con carteles de “compro entradas”, algo que no pasó con The Cure, Blur o The Strokes. Así que quizás estemos hablando del concierto más importante de la historia del festival.

Se antojaba complicado que 50.000 personas pudieran disfrutar de un concierto de Radiohead, ya sea por la dinámica del grupo, por su setlist, habitualmente inaccesibles (escuchar el ‘Best Of’ no sirve) o por su falta de “fiesta”. Es por ello que se han vertido opiniones tan controvertidas al respecto. Los de las primeras filas vivieron el mejor concierto de su vida, sin duda. El repertorio fue equilibrado, con joyas para los fans y hits para todos (‘Karma Police’, ‘No Surprises’, ‘Pyramid Song’ y hasta ‘Creep’!) y el sonido fue uno los más perfectos que he tenido ocasión de vivir a esa distancia. Por desgracia para los de atrás, la calidad del sonido suele ir directamente ligada con la potencia.
Impresiona la perfección con la que Radiohead interpreta cada uno de los temas, pese a que en realidad es uno de los pocos shows que no están calculados minuciosamente, ya que su repertorio varia en cada concierto. Creo que es un gran lastre para los músicos esta tendencia de preparar un concierto y repetirlo sin ningún tipo de variación durante las decenas de actuaciones de una gira. Sí, facilita la labor de los técnicos y aumenta las probabilidades de que el grupo ofrezca un show objetivamente perfecto, pero el precio a pagar es muy alto. El desgaste mental de los músicos es durísimo, la motivación desaparece y se pierde la magia. Hay que cambiar esta dinámica.

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Y seguimos hablando de genios, porque le pese a quien le pese, Alex Turner ha demostrado ser uno de los músicos con mayor talento de nuestra generación. Principalmente con los Arctic Monkeys, que ya suenan para la próxima edición del festival, pero también con pequeñas piezas en solitario, mostrando su indiscutible don para crear melodías y letras. No puedo decir lo mismo del proyecto que forma con su amigo Miles Kane, que pese a funcionar bastante bien en solitario, ni se acerca al nivel de Alex.
The Last Shadow Puppets son una parodia de The Libertines, que ya son una parodia de si mismos, pero presentados con una estética vintage. El exagerado estado de embriaguez (real o impostado) y las posturitas constantes podrían quedar en un segundo plano si tuvieran canciones, pero en el estudio tampoco están a la altura. Ninguna de las canciones de The Last Shadow Puppets tiene nivel para entrar en un disco de los Arctic Monkeys. Quizás en alguno de Miles Kane, pero esa ya es otra liga.
Sin embargo, solo es una opinión. Se trata del concierto más controvertido de la edición, ya que para muchos fue el mejor. Alex y el público se lo pasaron de lujo, pero no debería ser suficiente para un artista de su nivel.

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Pero el que fue memorable, una vez más, fue el de Beach House. Sobran las palabras ya para el dúo de Baltimore. De hecho les sobran hasta a ellos aunque sean halagos. No esconden su malestar con la prensa y con los fotógrafos, ya que ningún otro grupo nos lo pone tan difícil. Pero jamás les recriminaré nada. Son los mejores.
La hora escogida: inmejorable. El mejor concierto de Beach House en un Primavera Sound.

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Hay que destacar la diversa programación disponible a altas horas de la noche. En todos los festivales, a partir de cierta hora, si no te gusta la electrónica estás muerto. Primavera Sound ha programado conciertos como los de Sheer Mag, H09909, White Reaper a las 4 de la mañana. ¡Vivan las guitarras de madrugada!

Por la imposibilidad de fotografiar los conciertos de Sigur Rós y PJ Harvey, tuve que optar de nuevo por el plan B, que dio como resultado la ruta más ecléctica imaginable.
Empezamos con Pájaro Jack, uno de los grupos nacionales más prometedores de la actualidad. Vienen de Granada y recuerdan a los citados Sr. Chinarro y a Grupo de Expertos Solynieve. Su último disco, ‘Vuelve el Bien’ es sencillamente brillante y como dicen en ‘David Luiz’, llegarán arriba y lo harán (aún) mejor.

Seguimos con Brian Wilson, que interpretó uno de los mejores y más influyentes discos de la historia del pop: Pet Sounds. No está en su mejor momento, pero rodeado de músicos de un nivel altísimo sacó adelante un concierto difícil de olvidar. Es complicado que las canciones de este disco no hayan formado parte de la vida de cualquiera de los asistentes.

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Y empezamos el momento ecléctico máximo (leer con voz de Ylenia, por favor): del rapero Pusha T, colaborador de Kanye West, Kendrick Lamar o Tyler, The Creator, en el escenario Pitchfork pasamos al metal extremo de Venom en el escenario Adidas Originals. Y de ahí al synth-pop bailable de Chairlift.
Qué buena es Caroline Polachek, que se lleva la medalla de plata (Alan Palomo no da opción) al mejor baile del festival. Aún no nos hemos sacado de la cabeza ese hit titulado ‘Ch-Ching’.

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Sin tiempo para respirar, volvemos al rap, en esta ocasión a cargo del gran (literalmente) Action Bronson, que recibió apasionadamente en el escenario ATP a los que volvían del concierto de PJ Harvey con ganas de guerra.
Y de vuelta al escenario Ray-Ban para escuchar en directo uno de los mejores discos del año pasado, ‘Have You in My Wilderness’, de la gran Julia Holter (no literalmente, en este caso). Su inclasificable pop-clásico-íntimo-experimental con toques electrónicos nos dejó a todos embobados, a Caroline Polachek incluída, que no quiso perderse el show pese a que empezó escasos quince minutos después de finalizar su propio concierto. La controvertida apuesta del festival de programar su concierto de madrugada fue muy arriesgada, pero se adaptó perfectamente a las gradas del escenario Ray-Ban. Ideal para reponer fuerzas, porque acto seguido llegaban Ty Segall para ofrecer el concierto más divertido del festival en su concierto en el escenario ATP, así como el más salvaje (otra vez!) en una Sala Apolo que puso patas arriba. Y sí, lo digo literalmente. Más de un persona salió con sólo una zapatilla.

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Punto y final a otra gran edición del Primavera Sound. El mejor cartel del mundo sobre el papel, también lo ha sido sobre los escenarios.
El lunes 20 de junio salen a la venta las primeras entradas para la próxima edición del festival, en la que podrían estar Bon Iver, Arctic Monkeys, Fleet Foxes, Justice o The XX. Primavera All Stars.

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