Buen tiempo, 175.000 visitas y 365 actuaciones. Estas son las cifras de la decimoquinta edición del festival Primavera Sound de Barcelona. Lo único indiscutible que podréis leer sobre el mismo.
Escriben en los medios generalistas que el concierto de The Strokes, el gran cabeza de cartel de esta edición, fue desastroso. Las crónicas vienen firmadas a 30 de mayo, pero probablemente estaban escritas desde el mismo momento en que en el barrio del Born apareció la lona gigante que anunciaba el regreso del grupo a Barcelona más de 10 años después. Otras estaban guardadas en un cajón desde 2011. El nuestro nunca ha sido un país hábil esquivando los prejuicios.

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Es cierto que The Strokes se mostraron apáticos, indolentes, desmotivados y cansados. Algo que no debería destacarse en exceso, ya que siempre se han mostrado así. Lo único que puede preocupar, a los fans, es que lo de ahora no es una pose. Julian Casablancas ha declarado abiertamente que ya no se divierte tocando ‘Last Nite’ o ‘Reptilia’, que nada mainstream es relevante y que ahora hace lo que realmente necesita con su nuevo grupo. No se molesta en ocultarlo, lo dejó claro al señalar al público mientras cantaba “I don’t feel what you feel” (‘Heart in a Cage’). Por su parte, Albert Hammond, Jr. disfruta como un niño en su papel como líder en solitario y Nikolai (bajista) está más ilusionado en sacar adelante su nuevo proyecto ‘Summer Moon’ (¿Primavera Club 2016?).

¿Pero qué más da la actitud si haces bien tu trabajo? Beach House son quienes mejores lo expresan: “We play music, we are not cheerleaders”. También lo ejemplifica muy bien Patrick Rothfuss en su libro ‘El Temor de un Hombre Sabio”. Su protagonista, Kvothe, interpreta en un local  repleto de gente dos piezas con su laúd. La primera, la toca con la apatía e indiferencia que mostraron The Strokes. Al terminar, la gente le abuchea decepcionada. Acto seguido inicia una segunda canción, en la que toca el laúd con pasión, se revuelca por el suelo, salta, y simula estar extenuado al llegar al final. La gente se levanta de sus asientos y aplaude entusiasmada. Sólo las personas presentes que entienden de música se dan cuenta de como el protagonista se está riendo del público. La primera pieza era de una dificultad extrema, sólo apta para el poseedor de un talento innato. La segunda era el equivalente a tocar el cumpleaños feliz con la flauta dulce.

La actitud está sobrevalorada. The Strokes ejecutaron a la perfección y Julian demostró que ha recuperado su mejor versión. Su pelo, su papada y el estado de su hígado me importan tanto como el peso de Adele o la sexualidad de Antony Hegarty.
The Strokes acabaron su concierto encadenando estas 10 canciones: ‘You Only Live Once’, ‘Is This It’, ‘Reptilia’, ‘Last Nite’, ‘Take It or Leave It’, ‘The Modern Age’, ‘Under Cover of Darkness’, ‘Hard to Explain’, ‘New York City Cops’.
¿Qué grupo formado en las dos últimas décadas puede ofrecer algo remotamente similar?
Se ha vivido un momento memorable en el 15º aniversario del Primavera Sound, y nadie me convencerá de lo contrario.

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Pero empecemos desde el principio, o mejor dicho, empecemos antes del principio. Porque una de las cosas que hacen grande al Primavera Sound es que antes de que empiece oficialmente ya has podido ver a grupos con la potencia de Iceage, el delicioso neo-soul de las gemelas franco-cubanas Ibeyi, o a Boreals, un grupo que mezclando la guitarra con la electrónica se confirma como uno de los mejores grupos del país.

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Todo esto antes del miércoles, “prólogo” oficial del festival, en el que Las Ruinas, Panama, Christina Rosenvinge, Cinerama, Albert Hammond, Jr. y OMD estrenaron el escenario ATP. Un día para empezar a calentar los músculos (el resto del gigantesco Parc del Forum aún no abre sus puertas hasta el jueves), para relajarse y ver unos cuantos conciertos sin solapaciones.
David Gedge, líder de Cinerama y The Wedding Present y fanático declarado del Primavera Sound (ya ha dicho en varios ocasiones que es el mejor festival del mundo), no quiso perderse su cita anual con el festival. Es curioso que cada año nos topemos con varios artistas que dicen abiertamente que tenemos el mejor festival del mundo. “Eso lo dicen en todos lados para quedar bien”, responden muchos. Sin embargo, nunca lo he escuchado en ningún otro festival nacional. O al menos, no en boca de artistas internacionales.

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Ha sido la tercera vez que he tenido la ocasión de ver a Albert Hammond, Jr. en directo. Uno de mis artistas predilectos, al que no me he cansado de defender por sus magníficos trabajos en solitario. Un músico honesto y consecuente: nunca se ha aprovechado voluntariamente del nombre de su padre y tampoco se nutre de la discografía de The Strokes en sus conciertos.
Debo reconocer que en sus anteriores conciertos (en 2009 como telonero de Coldplay y en el FIB 2014, en el que la compañía aérea le extravió todos los instrumentos) el sonido no puedo ser peor, y uno no es bueno hasta que lo demuestra en directo. Y esta vez lo demostró, porque sonó impecable.

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OMD cerraron la noche con un concierto que no hizo honor a su nombre, ya que de “in the Dark” no tuvo nada, más bien las mejores luces de la jornada. Empezaron nada menos que con su mayor hit, ‘Enola Gay’,  que también fue la banda sonora del Line-App, el videojuego que desveló el cartel del festival. Una buena manera de avivar a los más fans y de quitarse de encima a los que iban a estar charlando y molestando hasta que la tocaran.

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Otro de los hechos que caracterizan al Primavera Sound es su manera de destrozar todo lo que tenías planeado desde hacía semanas. En la previa del festival, recomendaba y aseguraba no perderme a grupos que me acabé perdiendo: Childhood, Movement, Chet Faker, Mourn o Benjamin Booker. A este último pude cazarlo el miércoles por la noche en la sala Barts, en una actuación en la que demostró su carisma, desparpajo y una habilidad para desgarrar la voz y la guitarra muy poco habituales. Aunque no en el factor creativo, en ejecución supera holgadamente a The Black Keys. Artista a seguir muy de cerca.

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Y es que cuando por fin consigues cuadrar los horarios y planificarte la semana entera, el festival anuncia un concierto de Interpol para sólo 1.000 personas en la sala Apolo, a las 6 de la tarde. Este nuevo doblete de los de New York (ya lo hicieron en 2011) se convirtió en una cita ineludible que me obligó a sacrificar a mis protegidos Childhood. Las invitaciones se agotaron en poco más de una hora y el grupo no falló. Nunca fallan. En su nuevo show en directo, el grupo ha querido olvidar el penúltimo disco (‘Barricade’ incluída) y le ha dado el protagonismo que merece a su brillante e infravalorado último largo ‘El Pintor’.
Por desgracia, el concierto me hizo llegar mucho más tarde de lo planeado al Fòrum y escuchar los riffs de Daniel Kessler me hizo recordar lo deprimido que estoy por tocar la guitarra como Doraemon.

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Pero no tan tarde como para perderme la clase de rock exhibida por los míticos The Replacements, que por fin pisaron España tras su reunificación. Se dice que sus conciertos en el Primavera Sound (Barcelona y Porto) podrían ser los últimos del grupo, lo que aún revaloriza más su concierto.
La primera gran revelación del festival fue Kelela, a la que catalogan como la nueva reina madre del soul mutante y el R&B contemporáneo. Probablemente pasará del anonimato al estrellato cuando a finales de este año aparezca en todas las listas como una de las ganadoras. Lo tiene.

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El “dúo” (con los músicos escondidos casi en el backstage, claro) The Black Keys , salieron con ganas al escenario Primavera para ejercer de cabezas de cartel. Tras meses de inactividad y conciertos cancelados por una lesión de espalda de su batería Patrick Carney, su concierto se situaba en el punto de mira de toda la prensa musical.
Un concierto correcto, pese a esos insoportables cambios de tempo y giros que Dan Auerbach se empeña en aplicar a las canciones en directo (“Not my fucking tempo!”). El público, especialmente frío, sólo parecía esperar la celebrada ‘Lonely Boy’. Tocarla al principio, siguiendo el ejemplo de OMD, sería positivo para sus verdaderos fans.

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Y llegaron Jungle, para proclamarse los triunfadores inesperados de la noche. El precio a pagar para verles era alto: sacrificar más de la mitad del concierto de un genio llamado James Blake.
Lo de estos chicos recuerda a ese centrocampista de la cantera del Barça que en su debut parece que lleve 15 años jugando. No se puede sonar mejor. Desde todas las zonas, foso incluido, desde donde casi todo suele sonar mal. No pude verles en el Primavera Club, pero me topé casualmente con ellos un poco antes en Paris, donde fueron teloneros de Haim. Como el resto de los presentes, no sabía nada de ellos. Di por hecho que eran una banda local francesa que pasaría sin pena ni gloria por la sala. Nada más lejos de la realidad. Cuando llevaban 3 canciones tuve claro que en unos años llenarían estadios. Tras su recital en el Primavera no puedo hacer otra cosa que reafirmar mis palabras.

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Tras quedarme ojiplatico con la soltura y potencia de la jovencísima cantante de Vic, Núria Graham, y la extravagancia de los portugueses Fumaça Preta (ojo al outfit de su cantante, vestido con una malla de cuerpo entero que emulaba un cielo nublado) por fin llegaba el momento de ver el nuevo proyecto en solitario de Julian Casablancas (+ The Voidz), cuyo disco ‘Tyranny’, publicado por el sello de Julian y vendido por unos 3 € a decisión suya, me ha ido conquistando poco a poco. En especial ‘Human Sadness’, una canción de 11 minutos que habla de la agria relación con su padre (“hits me on the head when nobody’s there, then he says, come here could you fix my tie?”), en la que la base es un requiem de Mozart. No la suelen tocar en festivales, seguramente porque se come una cuarta parte del tiempo que tienen para tocar, pero sí que lo hicieron en el Primavera, convirtiéndose en mi momento favorito del festival.
Por si los periodistas no tenían ya suficientes prejuicios a su disposición, Julian salió al escenario con la mitad del pelo teñido de rojo y una mecha rubia. Una buena manera de salir al escenario sin presión, porque con estas pintas te van a machacar sí o sí.
Usando 2 micros, al estilo Vernon, Julian ha dejado atrás los ridículos conciertos que dieron antes de publicar un disco tan difícil de fidelizar fuera del estudio. Por supuesto, cuando las cosas salen bien le atribuyo todo el mérito a Julian, y cuando salen mal la culpa es de The Voidz, que no se podían marchar del festival sin destrozar una canción de The Strokes. En esta ocasión ‘Visión of Division’. La cara de Albert Hammond, Jr. habla por si sola.

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Todo asistente al Primavera Sound, comete algún error garrafal por edición. Mi error garrafal de este año fue sacrificar el concierto de Patti Smith en favor del de Tobias Jesso Jr., al tener planeado verla al día siguiente en su concierto de las 16:00 en el Auditorio. Todo salió mal: el concierto de Patti ya os habréis cansado de leer que fue un escándalo, mientras que el de Tobias estuvo plagado de problemas acústicos, que se sumaron a la ausencia de unos músicos que a día de hoy parecen imprescindibles para que el joven músico pueda ofrecer un buen directo. Para colmo, me perdí a Patti el día siguiente por falta de fuerzas.

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Una patada. Es lo que merecen los que año tras año pierden el tiempo escribiendo ridículos artículos sobre el machismo de X festival por la poca presencia de mujeres liderando grupos. Las tres mujeres que forman Sleater-Kinney, 10 años después de su separación, fueron pura furia eléctrica, en un concierto en el que casi ni dejaban tiempo para respirar entre canción y canción. Ojalá vuelvan pronto (en sala).

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El rap triunfa una edición más con los conciertos de Ratking, Tyler the Creator, Shabazz Palaces y Run the Jewels, que salieron al escenario al son del ‘We Are the Champions’. Y vaya que si son champions. Su disco fue el mejor valorado del 2014, seguido de cerca por el de The War on Drugs, y pese a el brazo en cabestrillo que lucía el gran Killer Mike, pusieron el Fòrum patas arriba, como ya hizo Kendrick Lamar el año pasado. Todo listo para la llegada de Yeezus en 2016 (?).

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Tras un terrible inicio de concierto (me comentan que  partir de la 4ª canción se arregló) de Ariel Pink y de un mareante (luces estroboscopicas) show protagonizado por Death From Above 1979, un grupo formado por sólo un batería y un bajista (y sin músicos escondidos al estilo The Black Keys), llegó el momento de encontrarse con el grupo con más potencial de los último años: Alt-J. Tienen las bases, el conocimiento, la calidad y las tablas, pero falta repertorio. Pese a que el grupo se empeñe en hacernos creer que son gigantes (premio al concierto más pretencioso del año), no lo son. Lo serán.

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Dos años después de cancelar su actuación en el Primavera Sound alegando que su líder Zachary Cole, que con su look parece sacado de una película de Wes Anderson, ya no aguantaba girar más, Diiv se presentaban en el Parc del Fòrum tras una sorprendente segunda oportunidad que no se podían permitir desaprovechar. El grupo me gustaba, pero no iba muy confiado al concierto. Algo dentro de mi estaba convencido de que el grupo podía ser una gran mentira. Me equivoqué. Las canciones del primer disco, del que tocaron pocas, sonaron impecables y las que avanzaron de su próximo disco pintan aún mejor. Prueba superada.

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Tras una fugaz visita al proyecto musical del hijo de John Lennon y Yoko Ono, The Ghost of  Saber Tooth Tiger, me dirigí al escenario ATP, donde los fotógrafos preparábamos el equipo, conocedores del espectáculo que ofrece el cantante de Fucked Up. Teníamos dudas de si en esta ocasión sería así, ya que su concierto era a pleno sol y ninguna plataforma facilitaba bajar al escenario manteniendo todas las extremidades en su sitio. No supuso ningún impedimento para el canadiense, y en la segunda canción saltó sin pensárselo para hacer que el día de los espectadores fuera más divertido. En el caso de los empleados de seguridad, el día fue más duro.

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Nos faltó poco para pedir hora en el psiquiatrico tras pasar de la furia de Fucked Up a la delicadeza de la cantautora Tori Amos, que acompañada de sus dos pianos, realizó la primera visita a España de su carrera. Es por ello que para muchos, ella es la gran cabeza de cartel y por lo que será recordado este Primavera Sound.
Quién sí que debería pensar lo de la cita con el psiquiatra es Sam France. Tremenda locura descontrolada la que se vivió en el concierto de Foxygen, uno de los grupos con los que más me he divertido haciendo fotos. Musicalmente quizás no salen tan bien parados, pero es difícil llevar la diversión y el sentido del espectáculo a cotas más altas. Showman mayúsculo.

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Y del éxtasis pasamos de nuevo a la delicadeza. Torres esperaba, a solas con su guitarra (ojalá pronto con todo el grupo), en la otra punta del Parc del Fòrum. No sólo faltaban músicos, también había poco público. Los solapes y sobretodo, la final de la Copa del Rey que se retransmitió en la zona de restauración, pudieron con ella. Delicioso en cualquier caso el show de Mackenzie Scott, una dulce bestia sobre el escenario que acaba de publicar ‘Sprinter’, su segundo disco, que probablemente también acabará en lo más alto de las listas. Los que se la perdieron, pudieron disfrutar de ella al día siguiente en la sala Barts, junto a Soledad Velez, Soak y Brightest Diamond.

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Mientras el Barça celebraba la Copa del Rey conquistada hacía escasos minutos, The Strokes salían al escenario. Los 15 minutos de retraso quedaron compensados cuando Julian Casablancas mostró que debajo de su habitual chaleco, llevaba una camiseta del Barça. Lo que vino después ya ha quedado dicho.
Is this it.

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Primavera Sound fija ya en el calendario la celebración de su próxima edición que tendrá lugar del 1 al 4 de junio de 2016, fechas en las que el Parc del Fòrum abrirá de nuevo sus puertas con motivo del festival, que está totalmente asentado en el recinto tras once años de impecable convivencia.
No pueden faltar Beach House, The XX, Fleet Foxes y Tame Impala. Soñamos con The Shins, Bon Iver, Kanye West y Radiohead.

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