Domingo 18, 12:00 p.m. Luego de la pachanga que se desató horas antes en La Faena, el baile y la fiesta se transportaron a la explanada de la Delegación Iztacalco, en el Defe, a un open show donde además de música hubo exposición de autos, motocicletas, pasarela pin up y por supuesto la vendimia de stickers, ropa, cd’s, accesorios y demás chunches.

Machos y féminas de todas las edades, gustos, olores, sabores y colores, hicieron gala de sus mejores pasos en el pavimento, bajo una carpa que les protegía del inclemente e insoportable Señor Sol. Las nieves de limón, la cerveza en bolsa (y los más descarados en su envase original), los jochos y los tacos de canasta no faltaron.

Los muchachos de Nicotyna hicieron lo suyo, prepararon al público para una sorpresa que muchos pensamos llegaría al cierre del festival, sin embargo no fue así. Los Locos del Ritmo, pioneros del Rock n’ Roll en México que surgieron hace más de 50 años, subieron comandados por Mario Sanabria. Las distintas generaciones que se encontraban en el lugar se homogeneizaron, se fundieron, ya no importaba si el joven bailaba junto del mayor, si el vestido se le veía mejor a la muchacha que a la señora. La diversión y el gusto por el baile, por una parte, y por otra el recuerdo y la nostalgia, unificaron al público.

Los Locos del RitmoLos Locos del Ritmo tocaron no sólo música, sino el interior de muchas personas mayores a quienes la juventud les fue inyectada de nuevo. Luego de despedirse, el público les aclamó y regresaron a cerrar con La Mantequilla (conocida en la palomilla por buena bailarina, coqueta y resbalosa)

¡El momento esperado por muchos llegó! La pasarela pin-upAltas, chaparritas, morenas, blancas… ¡pamplinas!, el estilo se lleva en la sangre. Mujeres tatuadas, con medias, escotes, encajes, pañoletas, pero sobre todo: en extremo sensuales. La dinámica era simple, subían al escenario, bailaban un poco y la imaginación comenzaba a volar.

Luego del bellísimo y satisfactorio taco de ojo, fue momento de que los Black Jacks subieran a alborotar más a la chaviza (como decían por ahí) Tocaron como sólo ellos saben hacerlo, y para sorpresa de los asistentes, Pachuco José, directamente desde Los Ángeles, California, les acompañó prácticamente medio show. Pasos de baile envidiables, carisma a tope, sonrisas, gritos, baile, baile, baile, baile.

El evento, con tristeza y sentimientos encontrados, llegaba a su fin, no sin antes advertir que mucha gente (jóvenes y adultos) comenzaban a deformar el ambiente familiar que rezaba el cartel (claro, es imposible controlar a tanta gente) y la presencia de la policía se intensificó, sin embargo no se reportaron percances de gravedad. Los Moustros (Sinaloa) y The Dorados (Colombia) fueron, respectivamente, quienes se encargaron de cerrar.

Los Moustros

¿Qué sería la vida sin algo de diversión? Eso es lo que muchas veces olvidamos. La vida puede ser diversión, baile, juego. Una canción nos puede transportar al pasado; un baile destensa, relaja y reacomoda. Aún es posible la convivencia pura y sana entre la sociedad, sólo hace falta voluntad. Sin duda con eso nos quedamos de este par de días que a muchos regalaron una gran experiencia. Ahora sólo resta esperar el siguiente año para descubrir las sorpresas que el siguiente Rockalavera nos traerá.

The Dorados

¡Hasta pronto, dudes!

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