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Rubén Afanador  fotógrafo colombiano,  mediante esta editorial de moda  retrata el impulso de la muerte, esta indistintamente de la vida se posa en el plano simbólico, como una especie de crimen que no es recuperado ni espiado sino por un simulacro colectivo de la muerte. Por tanto, se hace evidente que la vida es dada con la simple finalidad de la muerte como resurrección, como oportunidad para recuperarla y así ser dada de vuelta, o reinventada como una suerte de iniciación en un mismo acto social que combina la muerte y el nacimiento.

Una vez desdibujada la delgada línea entre la vida y la muerte, la imaginación se encarga de atribuir nuevos signos  a la imagen, en este caso, la editorial gana un nuevo valor metafórico, y por tanto simbólico, representando la vida mediante la muerte.

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La realidad tergiversada de las fotografías dan entrada a una nueva serie de historias que construyen una nueva forma de realidad, y con ella una concepción viva del concepto de muerte. “Lo simbólico no es ni un concepto, ni una instancia o una categoría, ni una ’estructura’, sino un acto de intercambio social que pone fin a lo real, que disuelve lo real, y al mismo tiempo, la oposición entre lo real y lo imaginario”. (Baudrillard,1980,p.153).

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La muerte, entonces, alberga un valor de invención atribuido por la conciencia de los vivos, resuelve así el pacto con la vida y permite que la muerte de esta manera sea el canal de resurrección y pierda el carácter de realidad. Otorgándole el poder de creación simbólica, altera los hechos y los transforma paradójicamente en medio del proceso: ¡La muerte es insuperable!.

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Así pues la muerte debe ser entendida como forma eventual en la relación social, ya que allí se pierde la determinación del sujeto y su valor real. Entonces, logra articular la vida, se intercambia con ella en el apogeo de esta misma; ya que resultaría absurdo hacer de la vida un proceso que encuentra su término en la muerte y mucho más absurdo hacer de la muerte una caducidad.

Texto por : La Chalarka.

 

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