¿Qué significa lo cotidiano?, ¿Lo constante resulta ser siempre molesto?, ¿O acaso la rutina resulta ser siempre tediosa?

 

Puede que la costumbre del día a día llegue a ser monótona en la mayor parte del tiempo, sin embargo, Shintaro Ohata le toma provecho a ciertas cosas que muchos otros llegan a ver como ordinario, usual.

Resultaría ser algo verdaderamente insensato gozar de tal capacidad para guardar y entender instantes que varios no alcanzan a percibir y a su vez, no explotarla. No llega a ser el caso de Ohata, cuyo propósito como artista y como persona se basa en colocarle un poco de “sazón” a lo momentáneo y pasajero.

 

 

 

 

 

Junto con su ingenio y su facilidad de crear, ha invertido su tiempo para fabricar piezas que interactúan en un mundo que se encuentra entre lo 2D y lo 3D.

Las situaciones que recrea no son necesariamente fantásticas, ni siquiera fuera de lo común. Llega a ser tan sencillo y simplificado que el resultado es totalmente satisfactorio.. Al ser originario de Japón, se fascina con el mundo del arte, más específicamente con la pintura y la escultura con influencias de grandes producciones y artistas del mismo origen que, al igual que Ohata, sienten fascinación por lo animado y en mayor parte la ilustración.

Sus obras, ejecutadas todas con un lienzo pintado a partir de colores vivos, buscan transmitir el efecto luz en el espectador. Sus esculturas, perfectamente sobrepuestas ante su lienzo, y teniendo en cuenta que siempre son femeninas, derivan de la paleta de colores e interactúan igualmente con estas situaciones urbanas y cotidianas pero sobre todo, bellas y poéticas.Al encontrarme con distintas opiniones de espectadores residentes de Japón, me es posible concluir que sus obras a parte de ser inspiradas por la ciudad de Tokio, tienen una esencia en especial que hace transmitir en ellos esa sensación de hogar, la razón exacta por la cual el artista halaga nacer y vivir allí.. En definitiva, es mejor verlo que explicarlo.

 

 

 

Tal vez sea este uno de los mejores ejemplos de la tan famosa frase “No hay lugar como el hogar”..

 

Texto por: Margarita Bernal López

 

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