¿Cuántas veces la moda nos ha demostrado que se ha ganado un lugar muy importante en la historia del arte? Algunos vestidos de Balenciaga, Dior e Yves Saint Laurent que pertenecen a la colección completa del Costume Institute del Metropolitan Museum Of Art prueban que el simple hecho de concebir un diseño de alta costura en papel se acerca a lo que un pintor hace en su lienzo, sin tomar en cuenta que la confección del mismo diseño es un proceso artístico impresionante cuando se mira a detalle.

Varios diseñadores se han comprometido con seguir demostrando que la moda es un arte, y cada vez hay más personas convencidas de esto. Sin embargo, no estamos hablando de la moda de Zara, la moda que ha resultado en que diseñadores como Jean Paul Gaultier y los  mismos protagonistas de este artículo hayan decidido dejar de lado la moda “ready to wear” o prêt-à-porter (ya que es casi imposible mantenerse al ritmo de una marca que ha robado diseños de pasarelas y que tiene temporadas nuevas cada dos semanas), estamos hablando de la Haute Couture. Viktor Horsting y Rolf Snoeren son dos diseñadores originarios de los Países Bajos, quienes después de conocerse en la Academia de Arnhem de Arte y Diseño decidieron comenzar a trabajar juntos, el proyecto resultaría en Viktor & Rolf. La marca es generalmente más conocida por fragancias como Flowerbomb, pero Snoeren y Horsting tienen una historia en la vestimenta, la cual originalmente empezó enfocandose en la alta costura. Después diseñarían para H & M logrando piezas mucho más accesibles tanto económicamente como para usarse a diario pero la pasión siempre llama y terminaron regresando a sus refinados y extravagantes diseños.

Formándose un nombre a base de su moda digna de enfants terribles de las fashion weeks, siempre dejaban notar que para ellos siempre existió una línea delgada entre ser artistas y ser diseñadores de moda, la cual parece desaparecer al mirar sus creaciones. Fue esta vez en su pasarela para su colección de Otoño 2015 que decidieron dar un paso gigante y convertir el desfile en algo mucho más parecido a un performance. 

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Las sorpresas comenzaron desde que los diseñadores no salieron de la pasarela y vestían a sus modelos ahí mismo frente a  infinidad de invitados que incluían coleccionistas de arte. Y es que este fue el tema indiscutible para Viktor & Rolf,  que tomaron cuadros y los intervinieron para convertirlos en algo que las modelos podrían usar. Literalmente, los vestidos eran lienzos con todo y marco, lo que resultó en una estructura fuera de lo común pero increíblemente creativa. Las pinturas que podían distinguirse pertenecen a la edad de oro de la pintura neerlandesa y algunas de action painting para así lograr un contraste aún más interesante.

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Viktor & Rolf  finalmente pusieron un punto final a la discusión sobre la división entre el arte y la moda, esta no existe. Sorprendiendo al mundo completo de pintores y diseñadores de moda lograron que su performance enviara un mensaje mucho más directo como fundamento a favor de los diseñadores como artistas. 

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